Termostato

Si le parece subimos por Casanova y de ahí luego a Gran de Gracia. Ahora esta muy tranquilo y se llega bien. Siendo domingo no habrá problema. Ayer habría sido otra cosa, sobre todo con el Orgullo que ha habido mucho trabajo. La verdad es que no nos podemos quejar porque lo que va de 2019 está siendo mucho mejor que los últimos años. Se nota que no hay tantos Uber ni Cabify en la ciudad, que la gente sale y gasta más. Parece que la crisis ya se se acaba de verdad, habrá que rezarle a la virgen o algo porque han sido años muy duros. A punto estuve de perderlo todo, hasta la licencia del taxi. Compartía la licencia con mi pareja, dos hijos, una casa, el divorcio fue justo antes de la crisis y no sé si fue mejor o peor. Al principio me alquilé una habitación, no sé muy bien porqué. Quizá para no vivir con mi madre, menuda tontería. Ahora vivo con ella pero en aquel entonces me pareció que la cosa estaba mal, que de mayor tienes que poder vivir por tu cuenta. Madre mía, como está esto un domingo por la noche ¿ve lo que le digo? Para mí la clave es Gracia. En concreto tres sitios, el Adonis, La pepita y el Bar Mut. Si están llenos y tienen movimiento en la terraza, es que la cosa está bien, que hay trabajo. Antes de la crisis los veías con cola pero luego daban pena, estaban vacíos, pero ahí están, han aguantado y vuelven a estar como antes. Son míticos de la ciudad. Pues lo que le decía, para mí Gracia es una forma de saber si va a haber trabajo y cómo lo voy a pasar con el taxi. Es un barrio con mucha vida, mucho hippie bohemio con pasta, si hay movimiento aquí es que la ciudad va bien, es un termostato.

Secreto: gente de tierras nobles

-Buenas, vamos a Guillém Tell con Príncipe de Asturias.

-Príncipe de Asturias no será.

-Ay perdón, con Avenida de Asturias. Hay una calle que se llama Príncipe de Asturias en el barrio de mis padres en Madrid, y me confundo.

-De Madrid?

-Sí, llevo tres años aquí.

-Y qué prefiere, Barcelona o Madrid?

-No creo que se pueda elegir, cada ciudad tiene sus cosas.

-Tiene usted toda la razón. [silencio desde la parte delantera del taxi.] pero…le voy a decir usted un secreto. Yo soy de Salamanca, llevo 33 años aquí, que se dice pronto. Bueno, pues si no hubiera conocido a mi mujer a los tres meses de venirme, me habría vuelto hace mucho a Salamanca. Me vine a buscar trabajo, cuando llegué esto estaba lleno de gallegos, extremeños y andaluces; y catalanes, claro. Extranjeros aún no había. La ciudad es muy bonita, se vive bien, pero la gente, la gente cuesta.

Hay buena gente también, como en todos sitios, pero aun así cuesta. Al principio pensé en volverme, y mi mujer estaba dispuesta, pero a mí me dio pena. Ella era muy joven, nos llevamos 7 años y no me pareció bien separarla de sus padres. Yo ya había visto cosas, viajado. Había ido a Logroño, había vivido en Madrid, en Asturias… pero ella sólo conocía esto. Así que nos quedamos. Aunque si una bola de cristal me hubiera dicho que luego iba a pasar todo lo que ha pasado con la política, no lo habría pensado y me habría ido.

Si es que son las pequeñas cosas, aquí sólo saben vivir para trabajar. Del trabajo a casa y de casa al trabajo. Es invierno, y a las nueve no te encuentras a nadie por la calle, en Madrid a las diez de la noche tienes los bares llenos. Que todo es como lo mires, pero aquí es que no saben relacionarse, hablar con el otro. Si es los vecinos, y no se conocen. Mire, yo voy todas las mañanas a tomarme el café a la misma cafetería desde hace lo menos 15 años. Mi mujer compró una cafetera de cápsulas, pero a mí no me gusta el café que hace. Pues 15 años entrando en el mismo bar, saludando en alto «Buenos días» y todavía hay gente que le cuesta saludar.

En Madrid yo me acuerdo que ibas a una discoteca o a un bar, que yo iba mucho por allí por los bajos de Arguelles, y acababas hablando con todo el mundo, socializando. Los que somos de tierras nobles, Salamanca, Madrid, Castilla en general, seremos de pueblo, porque aquí dicen que son más europeos y será verdad, pero los de tierras nobles sabemos esto. Saludar, despedirse, hablar con una persona aunque no se conozca, aquí se ponen hasta nerviosos.

Yo ya no pienso en volver, son muchos años; pero le cuento, si no hubiera conocido a mi mujer a los 3 meses, no habría tenido razones para quedarme.

 

Taxista anónimo.-

Cervezas, chicas y Rockabilly

«Yo vivía en Alcalá, pero mis padres eran de un pueblo de Guadalajara que casi no sale ni en los mapas. Me acuerdo que cuando tenía 12 o así yo iba un finde con la bici por el pueblo cuando conocí a los chicos mayores, los de 16. Ellos eran rockers, con el casette a cuestas y oían a Los Rebeldes. Aquello me cambió, la música iba de coger a tu chica, subir en el coche, ir a un dinner… es música de pasarlo bien. No cómo la música gótica, que sólo te quieres echar a llorar, esto va de vivir.

Acabas con gente de tu rollo, que te ve de lejos el tupé, la camiseta, los pantalones y sabe que eres de los suyos. Tú eres un incomprendido en el colegio, en el instituto, pero te vas juntando con tu gente. Gente del barrio de al lado, de otra ciudad y hasta de otro país. 

A mi amigo de Los Ángeles lo conocí aquí cuando pinchaba en un festival. Yo he pinchado mucho, montado festivales, hasta he tenido un garito de rockabillies. Me vine aquí a Barcelona porque aquí había más escena. Una vez toqué en el Apolo.

Esto no es una cosa que se te pasa, es quien eres, lo que te diferencia de los demás.»

Oscar, taxista, treintapocos

(trayecto de Barceloneta a Gràcia el 25/10/2018)