Carnet – historias de Madrid

-(…) para poder usar la sala de estudio necesitará el carnet de la biblioteca. ¿Lo lleva consigo? Bueno pues deme el DNI. Antes las municipales y las de la Comunidad eran distintas, pero ahora están todas bajo la Comunidad de Madrid, así que ya no necesita tener los dos, con un carnet puede acceder a todas. Aquí está, Patricia Salgado Pérez, ah sí Peláez. Espere que le doy el carnet físico y se lo lleva ya para la reserva de la sala. Un momentito. Aquí está, ¿sabe cómo funciona?

 

 

bibliotecas.

 

 

 

 

Termostato

Si le parece subimos por Casanova y de ahí luego a Gran de Gracia. Ahora esta muy tranquilo y se llega bien. Siendo domingo no habrá problema. Ayer habría sido otra cosa, sobre todo con el Orgullo que ha habido mucho trabajo. La verdad es que no nos podemos quejar porque lo que va de 2019 está siendo mucho mejor que los últimos años. Se nota que no hay tantos Uber ni Cabify en la ciudad, que la gente sale y gasta más. Parece que la crisis ya se se acaba de verdad, habrá que rezarle a la virgen o algo porque han sido años muy duros. A punto estuve de perderlo todo, hasta la licencia del taxi. Compartía la licencia con mi pareja, dos hijos, una casa, el divorcio fue justo antes de la crisis y no sé si fue mejor o peor. Al principio me alquilé una habitación, no sé muy bien porqué. Quizá para no vivir con mi madre, menuda tontería. Ahora vivo con ella pero en aquel entonces me pareció que la cosa estaba mal, que de mayor tienes que poder vivir por tu cuenta. Madre mía, como está esto un domingo por la noche ¿ve lo que le digo? Para mí la clave es Gracia. En concreto tres sitios, el Adonis, La pepita y el Bar Mut. Si están llenos y tienen movimiento en la terraza, es que la cosa está bien, que hay trabajo. Antes de la crisis los veías con cola pero luego daban pena, estaban vacíos, pero ahí están, han aguantado y vuelven a estar como antes. Son míticos de la ciudad. Pues lo que le decía, para mí Gracia es una forma de saber si va a haber trabajo y cómo lo voy a pasar con el taxi. Es un barrio con mucha vida, mucho hippie bohemio con pasta, si hay movimiento aquí es que la ciudad va bien, es un termostato.

Winner

-Pues yo tengo una colega que es antropóloga como vosotros, estudió en Londres. Se hizo el proyecto de fin de carrera sobre la matanza del cerdo, así como ritual. – dijo Manuel-

-¿En serio? – Preguntó Lucía-

-Por lo visto los profesores casi no querían ni leerle el trabajo. Ella dice que seguro que alguno pasó las fotografías deprisa y corriendo, por aquello de no ver tripas y pezuñas. Allí se creen que el bacon sale ya en tiras y viene empaquetado. Hizo antropología visual, creo. Porque montó parte del proyecto como un documental.

-En Londres son unos pijos. La escuela potente de antropología visual está en Manchester, aunque ahora anda un poco de capa caída. – dijo Mariano-.

-Pero, ¿y ahora qué hace, sigue siendo antropóloga? ¿Trabaja de ello? -continuó Lucía-

-No hace nada – respondió Manuel- no trabaja, da clases de Yoga. Es un poco perroflauta, estuvo unos años viviendo en la India. Ahora tiene un novio en Cantabria y viene y va de Valencia, pero se ha movido mucho por el mundo.

-O sea que estudió lo que le apeteció, trabaja cuando quiere y vive como le da la gana. Pues me parece una winner. Igualita que todos esos de las grandes consultoras, trabajando todo el día e intentando ganar una pasta para pagar a alguien que les planche las camisas. O para pagar un terapeuta porque están estresados de tener un trabajo gris. -continuó Lucía-.

-Visto así…el novio vive en una cabañita en medio del campo, así que cuando va a verle hacen medio nudismo, no hay nadie alrededor. Comunión con la naturaleza.

-Cuando estaba en Londres sólo tenía que pagarse los estudios, así que ahorró de los currillos que le salían como camarera, cuidando ancianos y demás, y se ha comprado una casa rural en su pueblo que alquila. Así que entre unas cosas y otras no vive mal.-siguió Manuel-.

-Esto es como los ricos de verdad, centrar tus energías y esfuerzos en lo que te gusta y no en pagar las facturas. Me parece una auténtica jefa. El resto somos esclavos del Netflix, el HBO, el alquiler, la luz, el agua…-Lucía miraba al suelo como pensando en voz alta. Levantó la cabeza y miró a Manuel- Molaría entrevistar a los padres. Cuando la gente desarrolla ese tipo de competencias es porque las ha visto en casa.

-Pues la madre era una moderna. Fíjate que debe estar ya por los noventa y muchos. Cuando era joven estaba toda la represión del franquismo, pues la mujer se hizo autostop de chavala hasta Noruega. O sea que algo hay ahí.

Alberto – historias de Barcelona

Luis y Mireya andaban un poco adelantados hablando de restaurantes bien de la ciudad. El con sus pitillos vaqueros, su camiseta raída de Sonic Youth y su bolsa de tela, ella con un pantalón sastre impoluto y unas deportivas de diseño. Hablaban ahora de un restaurante en Sant Gervasi que tenía cocina de mercado por menos de 30€ y luego del restaurante de sushi que había que visitar en el Ensanche.

Un poco detrás Mery y Alberto:

-A mí me gusta más cenar en casa, -dijo Mery señalando a Luis y Mireya. – Que también fuera, pero si me das a elegir prefiero en casa. Te pones un vinito, das conversación a los amigos, no sé, cómo que me gusta más. Entre cenar fuera y un concierto prefiero un concierto. No es un dinero que disfrute gastando.

-Bueno a mí me gustan los dos. -dijo Alberto. – A Mireya le encanta descubrir sitios nuevos así que desde que estamos en la casa nueva salimos más, pero  también me gusta hacer cosas en casa.

Siguieron andando despacio detrás de los otros.

-Ya, a Luis también le gusta, si fuera por él saldríamos más. A mí en lo que me encanta gastarme el dinero es en libros. Me encanta eso de mirar reseñas, ir a las librerías, revolver, encontrar algo que llevarte a casa, regalarlos… es de las cosas que más me gusta pagar.

-A mí también. Ay lo que pasa es que ya no tengo librero de confianza y acabo siempre comprando en La Casa del libro en La Central.

-¿Y eso? – dijo Mery- ¿No vas por Taifa? Está aquí en Verdi. Tienen mucho ensayo, los libreros son muy majos y siempre están presentando cosillas.

-Ya…pues no, no voy mucho. Es que antes tenía un librero en Gracia que me encantaba. Un señor mayor que tenía una tiendita a unas calles de la plaza del Sol, pero hace mucho que se jubiló. Me acuerdo que una temporada me dió por la literatura rusa, ahora no recuerdo muy bien por qué, a lo mejor algo que me recomendó él o algo que leí. Pero bueno el caso es que fui y le pregunté ,y me dijo «vete a la carnicería de la calle de atrás que atiende una rusa. Antes era profesora de literatura en su país, seguro que ella te dice». Y para allá que fui. Llego a la carnicería y veo una señora con sus carnes, toda de blanco con su gorra, cortando costillas con un cuchillo que parecía un ladrillo de grande y voy y le digo prudente «¿perdone es usted rusa?». Para de cortar, me mira y dice: «-Qué cojones rusa ni que rusa, yo soy de Ripollet!».

-Jajajjaja. – Mery se paró en medio de Verdi al lado de Alberto, sujetándose la tripa entre carcajadas.

-Mira, yo no sabía dónde meterme. «Uy disculpe, perdone, me he confundido». Salí corriendo de la carnicería. Y yo pensando «joder con la rusa».

Mery seguía riendo y dando palmas de la gracia.

-Mucha pinta de leer a Dostoyevski y Tolstoi no tenía, tengo que decir – siguió Alberto con risas. – Luego le fui a contar al librero y resulta que me había equivocado y no era la carnicería sino la charcutería de al lado. Pero ya me dió tanta vergüenza que no lo intenté.

Mery – historias de Barcelona

-Mirad esos dos deben ir también a la boda. – dijo Mireya desde el asiento de atrás del taxi.

-¿De qué van?- dijo Alberto mirando tras el cristal.

-Es rollo medieval, ¿no? Ahora en verano hay mucho mercado de estos por las fiestas de los pueblos, con el castillo pega todo.- apuntó Luis.

-Pues yo me tiré toda la infancia pensando que en los mercados medievales había vaqueros del oeste. – Soltó divertida Mery desde el asiento de copiloto.-

-¿Vaqueros? Tipo John Wayne y Clint Eastwood?- preguntó Mireya echándose hacia delante-.

-Eso mismo. En Esplugues el mercado medieval tiene vaqueros. – contestó Mery.-

El taxi se llenó de risas de todos menos de Mery, que seguía con las manos sobre la funda del traje doblada, muy derecha y divertida en el asiento de copiloto. Incluso el taxista echó unas risitas por lo bajo.

-Pero Mery, no lo dejes así, cuéntanos cómo es eso, cuéntanos más mujer. – dijo Alberto tocándole el hombro.

-Pues a ver, en las fiestas siempre hay mucha gente vestida de vaqueros que se mezclan con los que van de medieval. No sé muy bien por qué es pero la cosa es que de pequeña te parece de lo más normal, hasta que empiezas a entender que la cosa falla por algún lado. Aunque solo sea viendo películas te das cuenta de que el fraile de las cadenas no aparece en ninguna peli del oeste y que los forajidos no salen de los castillos. Podéis ir a verlo, vamos yo os animo a que os vengáis, es en Septiembre.

-¡Pues deberíamos ir todos! ¡Como propuesta para acabar el verano!- soltó Mireya- a ver vaqueros.

-Mes de septiembre de fiestas de Sants, Diada y vaqueros de Esplugues – soltó Luis entre carcajadas.

-¿Pero tan mal documentados están en Esplugues o qué?- siguió Alberto.

-Yo que sé, será por lo de las peliculas. Creo que hace años se rodaban allí pelis del oeste y a lo mejor no sabían que hacer con tanto vestuario. No sé a lo mejor querian hacer un mercado del Oeste pero tenía menos marketing que un mercado medieval. Yo que sé. Veníos, está gracioso de ver.