3 camiones y 3 cielos

-Aquí el Zagalico como un bólido por la A-30, ¿algún camión amigo en la cercanía?

-¡Zagal! ¿Acho pero no estabas de vacaciones? Aquí Juan de El Palomar.

-¡Hombre Juan! Pues sí, estaba. Qué bien lo has dicho, pero me dieron un servicio y aquí ando llevando alcachofas recién cogidas de esta mañana a Bruselas. Me acaban de cargar el camión hasta arriba ¿y tú?

-ESOS CAMIONEROS NOCTURNOS ¡No se os puede dejar solos!-dijo una tercera voz uniéndose a la radio de corto alcance.

-Ostia Isidoro, pero si yo te hacía por Sicilia, ¿no pasabas esta semana en ruta?

-Me volví ayer casi llegando a Albacete. Me tuvieron que cambiar la cámara porque no enfriaba y a ese paso iban a llegar las mortadelas más tiesicas que la mojama seca ¿Qué hacéis?

-Pues yo estaba oyendo la radio antes de que dijera ná el Zagalico, que estaba llamando la gente para contar cómo quieren que sea el cielo.

-¿El cielo dices? Acho qué cosicas escuchas. A mí todo eso de la muerte me da mucho repelús ¿Es que no llevas música?

-¡Si es que es de coña! ¿Pues no ha llamado una señora para decir que si ella pudiera elegir que quería que el cielo fuera una biblioteca enorme, para leer eternamente? Y otro que debía ser maestro o algo así que decía que quería conocer a un juglar en la otra vida y que si por él fuera el cielo sería ¡como irse de vacaciones por la historia!

-Bahh, pues vaya cosas más raras dice la gente. Anda que si yo pudiera elegir cómo iba a ser el cielo me iba a pedir esas tontás. No saben vivir, ni en la otro vida pijo. Para mí que el cielo, qué te voy a decir yo, sería no hacer ni chispica. Pero ná. Como las vacaciones en Marina d’Or, que te lo dieran tó hecho. Que te levantas y lo único que tiés que pensar es qué vas a desayunar en el bufé y en qué piscina te vas a remojar. Ni de los críos te tienes que preocupar, que ya te los cuidan allí. Pues así pero para toda la eternidad.

-Pues por mí, si puede ser cualquier cosa, pediría los ratos que he estao más a gusto pero tós juntos, ¿sabes? Por ejemplo que pudiera ser las vacaciones que pasaba con mi abuelo en Guardamar cuando era crío, que pudiera estar en el campamento de la mili que hicimos tós en Nerpio y que al mismo tiempo estuviera en la boda de mi hermano Jesús hace 4 años con toda la familia, que estaba hasta mi madre pobrecica antes de ponerse tan pachucha. Pues eso pero tó a la vez, incluso que pudiera tener más momentos de esos con la misma gente pero allí, ¿sabes?

-¿Todo a la vez? Pues entonces añade mi despedida de soltero y mi noche de bodas a lo de Marina d’Or, ¡que la cosa del cielo va a ser la repanocha! Vamos, ¡Que ni el Bando de la Huerta!- se echaron los tres a reír por la radio- ¿Y tú Isidoro qué? ¿Para ti, cómo sería el cielo?

Inspiración: La felicidad humana de Julián Marías, capítulos XXVII «El amor y la pretensión de inmortalidad», XXVIII «La conexión de esta vida con la otra» y XXIX «La imaginación de la vida perdurable».

Los sueños de las otras

Guillém revolvía su café distraído mientras esperaba sentado junto a la cristalera del bar. Cuando empezó a sorber el café ya casi frío se sentó junto a él Fernando.

-¿Qué pasa tío? Antes me llamabas para tomar cañas. Está claro que nos estamos haciendo mayores -dijo entre risas-. Disculpa, ¿me traerías un café con leche? (…) No, nada más gracias. -volvió la mirada a su amigo- Bueno, ¿y de qué se trata? Desembucha, ¿cuál es esa teoría misteriosa que me quieres contar? ¿No será otra treta para dejar el equipo de futbito?

-No, no. Es otra historia que me está dando vueltas y quería hablarlo contigo. Quizás si tú me dices que es una cosa absurda deje de darle vueltas a la cabeza. Es sobre una paciente.

-Estaba claro que la cosa iba de mujeres- Fernando volvió a reírse y estiró las piernas bajo la mesa-.

-A ver, que la señora en cuestión tiene 63 años y se está recuperando de un infarto cerebral.- respondió Guillém-

-Vale, vale, lo pillo. ¿Y está bien? ¿Se está recuperando y eso?

-Sí, aparentemente sí. Todas las pruebas parecen positivas y físicamente está bien. Ya ha vuelto a hacer vida normal. La salud no es el problema, el problema son los sueños que está teniendo.

-Tío te has equivocado de amigo, haber llamado a un psicólogo y no a un físico. Lo mío son los Kaluza-Klein y no los Freud y los Jung.

-Dame dos minutos y te lo explico.

-Como que te conozco, que esto va a durar más de dos minutos. -levantó la mano- Disculpa ¿me traerías otro café? y perdona ¿me traerías también un croissant? Paga mi amigo. -volviendo a Guillém- vale, ya puedes darle caña.

-La historia es que la paciente no ha vuelto a dormir como antes desde su infarto. En la primera revisión me contó que tenía sueños muy extraños que la inquietaban. No le di demasiada importancia, pensé que era por el miedo a recaer y la despaché rápido porque tenía una cirugía justo después. Le receté unas pastillas para dormir y le dije que nos veríamos en la siguiente consulta.

-A ha- dijo Fernando con la mitad del croissant en la boca-.

-Pero volvió a mi consulta 3 días después aterrada porque las pastillas la hacían tener sueños más profundos y no sabía cómo despertarse. Me costó tranquilizarla, al principio no entendía nada. Así que le pedí que me contase despacio cómo se quedaba dormida y con qué soñaba. Me dijo que soñaba «con las otras».

-¿Qué otras?-dijo Fernando con interés-.

-Pues se ve que la paciente sueña que es ella misma pero en otras vidas. A veces dice que durante una noche puede estar en la vida de otra ella, pero que otras el sueño le va llevando a varias vidas distintas. En una me contó que su padre no había fallecido y que seguía viéndole en la residencia, en otra que ella se había quedado viuda a los 30 y había tenido que sacar adelante a sus hijos sola, no sé cosas así. Como si en cada sueño fuera ella pero bajo circunstancias distintas.

-No soy experto en sueños ni en psicología, ¿pero no será que echa de menos a su padre y que le sobra el marido?

-Pues eso pensaba yo también hasta que me dijo que en todos los sueños es el mismo día en el que se ha ido a dormir.

-¿Cómo? No entiendo.

-Se tomó las pastillas 3 noches antes de venir a verme. El 5,6 y 7 de noviembre. Pues dice que en los sueños del 5 las cosas que le pasaban en sus diferentes «vidas» ocurrían el 5 de noviembre. Y al día siguiente es como si hubiera pasado un día.

-Vale, pero si estaba durmiendo ¿cómo sabe qué día era en sus sueños? Normalmente nadie se acuerda de nada o si lo hace son cosas inconexas.

-Esa es la cuestión. Ella dice que estaba dormida, pero «las otras» no. Dice que parecía que se hubiera colado en sus vidas. Y sabía qué día era porque recordaba haber visto un trozo de telediario, por cierto en uno dice que salía Kennedy de viejo, o un programa de radio en el que dicen el día que es o que recuerda a una de las otras mirando la agenda.

-Está claro que es una señora muy creativa y parece que tiene unos sueños de lo más interesantes, pero no veo muy bien qué tienen que ver conmigo.

-No estoy seguro de que sea un problema neuronal o psicológico.

-Explícate.

-Estuve mirando en su historial y parece todo normal, por descartar hice unas búsquedas en la base de datos internacional del hospital. Y encontré al menos dos casos similares. Uno en 1956 de un niño alemán de 8 años. Se cayó de la escalera mientras ayudaba a su padre en el tejado. Estuvo casi una semana en coma cerebral, cuando despertó dijo que había vivido cada uno de esos días en la vida de «sus otros yo»: yendo al colegio, jugando, e incluso ayudando a su padre con el tejado en otra casa parecida a la suya, pero volvió a soñar normal tras salir del coma. El otro caso es más antiguo y hay menos datos, un francés de 27 sirviendo en el frente del Somme en la Primera Guerra Mundial. Le explotó una granada cerca de la cabeza mientras dormía. Después de eso dijo que cada noche soñaba con muchos de «sus otros yo», en alguna de esas vidas no había guerra o había acabado, pero en otras la guerra continuaba aunque con otros enemigos o él estaba en otro bando. El médico que lo registró quiso darle la baja pero sus superiores no se lo permitieron, aún no se entendía lo que era el estrés postraumático. Lo mandaron de nuevo a primera línea y falleció a los pocos días. Se ve que se lanzó contra las líneas alemanas en un ataque suicida.

-Puff, vaya movida.

-Sí, pero ¿ves por dónde voy?

-Aún no lo tengo del todo claro.

-Vale, volvamos a la paciente. La mujer necesitaba calmarse y dejar de despertarse asustada así que le pregunté que qué era lo que más miedo le daba. Me dijo «Si yo estoy viviendo la vida de ellas cuando duermo, ¿se están colando ellas en la mía cuando estoy despierta? ¿Estoy yo en los sueños de las otras?».

Se quedaron callados mirándose hasta que Fernando desvió la mirada hacia la ventana siguiendo la caída de las hojas del Paseo de San Joan.

-¿Me estás diciendo que tu teoría misteriosa es que algunas personas pueden comunicarse con sus otros yo de realidades paralelas?

-Comunicarse no, experimentar su vida como si fueran ellos.

Fernando se revolvió incómodo en la silla. Se quedó parado y con la mirada fija en las migas del croissant. -Desde un punto de vista científico es una locura -dijo Fernando serio-.

-Lo sé. Pero a priori también me parece una locura toda la teoría de cuerdas que manejáis. Te he traído algo, pero te tengo que pedir que no se lo dejes ver a nadie, ni lo fotocopies. – Guillém sacó tres cuadernos escolares de la mochila que estaba en el suelo y los puso sobre la mesa-. Son diarios, le pedí a la paciente que al despertarse cada mañana escribiera todo lo que había visto, oído o sentido. Me los trajo a la consulta ayer.-empujó suavemente los cuadernos hacia Fernando-. Sólo te pido que los leas y que te hagas una pregunta en un contexto hipotético.

-¿Qué pregunta?

-La conexión cerebral en gemelos ha demostrado en numerosos estudios que puede hacer sentir a un gemelo las cosas que experimenta el otro. Si existen realidades paralelas y toda la teoría de cuerdas es cierta, ¿no es plausible pensar que todos estaríamos conectados a nivel neuronal con nuestros otros yo?

[…]

La mujer planta

No sé qué hace aún en la cama, si son las 8:20. Ah, ahí está. Ay amor, menuda cara de sueño que me traes. Mira que te dije ayer que te fueras a acostar, pero nada tú dale que dale a las maquetas. Aunque claro, tampoco creo que me pudieses oír. ¿Has dormido bien? Te haría el zumo pero ya sabes. ¿Es que a quién se le ocurre? ¡Pero tú te crees, echar las cenizas en una planta! «Para tenerte cerca» mira que me rompí por dentro, pero ¿no podías haber hecho como la Rosita con su marido y esparcirme por el mar o por el campo? No, tú tenías que ser el señor original y ponerme en una planta. En fin, al menos no tengo pulgones. Sí sí, ponte a trabajar que así te pierdo de vista un rato, que me tienes contenta.

Ay, qué solecito más rico entra a estas horas. Ay amor, ya has acabado, claro, son las 17:00, ¿vas a poner jazz? Me encanta que me pongas jazz así, mientras me da el sol. ¿Hoy toca flus flus de agua? Sí, hoy parece que toca, ahí lo traes en la mano. Si yo te dijera que esto es lo más parecido a recordar cómo era hacer el amor. Cipriano el teléfono, ¿no lo oyes? Sí, claro que está sonando, ve.

No me mires así, ahí sentado con cara triste. Por favor que no sea una de esas tardes en las que te encoges en el sofá. ¡Sal a la calle! ¿No te das cuenta de lo que te estás perdiendo? ¡Camina! Ponte el abrigo. No te quedes otra tarde aquí llorando por favor, ya no sé cómo consolarte. Sí amor, yo también te echo de menos, pero aunque siga aquí ya no estoy. Ni siquiera sé por qué sigo aquí, en esta planta. Yo que pensaba que me iba al cielo con mi madre y con mi abuela o a lo menos a otra vida, como decía mi tío Javi el que era budista. Bueno, a lo mejor la planta es una vida pero sería más fácil si no me acordase de nada y no te tuviera tan cerquita aún.

Debí pedir entierro en lugar de cremación. Así al menos Cipriano me tendría en un sitio al que hay que ir en lugar de estar aquí, en esta maceta, viéndole cada día y sintiendo esta casa que aún es la mía.

Bueno, ya. Ale, no tienes leche, anda baja a la calle. Y no le digas al hijo de los vecinos que vaya él. Te funcionan las piernas y te viene bien salir. Eso, Cipriano la basura, que huele. A este paso el pescado de ayer te baila una samba.

Inspiración: Continuing Conversation about Continuing Bonds, La religió sobre el terreny: retard de la mort social a través dels rituals de visita a les tombes, Cinco horas con Mario.

Infidelidades

Gloria, Pepe, Adriana y 100 días de vida confinada.

Gloria y Pepe encerrados en ese ático de barrio bien de Madrid. Saliendo a la terraza, inventando platos, acabándose Netflix, follando más que en el último año, aunque fuera por aburrimiento, y mirándose a los ojos de nuevo tras muchos meses de vivir juntos pero desconectados.

Al otro lado del parque grande, Adriana. Teletrabajando a ratos, a ratos mirando a escondidas de sí misma el instagram de Pepe y el de Gloria. Mojándose las ganas de ver a su amante en vino del caro. Encadenando muchas llamadas de zoom con las amigas, con los compañeros del trabajo, con sus padres; y sintiéndose cada vez más sola y encogida entre las lluvias de abril y los aplausos del balcón.

Mal tiempo para las infidelidades. No hay viajes, ni cenas de trabajo. No existen las escapadas de la oficina porque la vida está fijada y encerrada en el mismo espacio. Al principio se escribían mensajes picantes pensando que solo duraría quince días «me voy a guardar todas las ganas para ti». Pero con cada prórroga los mensajes cambiaban de intensidad y de color. Desesperación por verse, indiferencia contenida y al final, tras semanas de darse cuenta de que no había posibilidad de volver a lo de antes de la pandemia, decepción.

Como un soufflé al que se le ha abierto la puerta del horno antes de tiempo. Así acabaron las ganas de Adriana. Pensó mucho tiempo cómo sería su primer paseo en el exterior y los pies la llevaban siempre hacia el portal del ático. Tenía hasta preparado lo que diría en el telefonillo como parte de su despecho pero cuando les dejaron salir lo que hizo fue darse un paseo por el parque. En medio de la lluvia de junio se fue al estanque a ver patos y a las gotas hacer círculos sobre el agua.

Pepe no salió el primer día. Se quedó en casa mirando a ratos sus pies en calcetines y pensando en el día que tendrían que llevarle a la oficina. ¿Era el final del paréntesis? ¿Y si el paréntesis pudiera ser más largo? La primera noche de desconfinamiento tuvo pesadillas. Soñó que la rueda volvía a ponerse en marcha, trabajo, rutina, reuniones, viajes… sin tiempo para ver a su mujer, para hacer deporte, para escuchar música, sin tiempo.

Envuelta en una chaqueta de punto gris con un brazo cruzando el pecho y el otro llevándose el cigarro a la boca cada 7 segundos, Gloria esperó. De pie en la terraza del ático sintió escuchar varias veces los pasos de su amante abajo en la calle. «Ahora picará al telefonillo y será el fin».

Vestuarios

Cuando desoritizas el cuerpo, su belleza emerge en cada pliegue.

Duchas. Azulejos blancos, desagüe en el centro y un cuadrado de mujeres a mi alrededor frotando su piel bajo las duchas. Axilas, brazos, piernas, pubis…no hay pasión mientras se recorren, solo una minuciosidad militar aprendida a base de repetición tras los años. El suelo se llena de espuma. En las duchas siempre hay como prisa. Normalmente se suelen llenar y hay que hacer cola, pero ahora en Agosto y a esta hora intempestiva que cantaba Lorca, solo somos 3.

A mi lado una señora mayor y muy flaca, movimientos de experta mientras se enjabona. Debe ser de las veteranas. En frente, en la otra hilera de duchas una chica de veintitantos morena. El agua resbala sin resistencia. «La juventud siempre es hermosa». Empiezo a entenderlo, aunque me resisto a no ver toda la belleza de los cuerpos maduros.

Salgo y me envuelvo en la toalla camino de mi taquilla. Me cruzo con otros cuerpos, otras mujeres en distintas fases entre desnudarse y vestirse. Saco la crema del cuerpo y me empiezo a recorrer la piel mientras observo a hurtadillas las ajenas. Estrías, curvas, pelo, arrugas, canas, flacidez y superficies horadadas por la celulitis y el tiempo. Tatuajes, uñas pintadas. Me parece todo hermoso. Cicatrices. Alguna cesárea, una mastectomía como la de mi abuela, allí un cicatriz larga encima de la rodilla y una de las que dan miedo y produce ternura recorriendo el esternón de una señora al final del pasillo. Valientes.

Aquí no hay pudor. Ya no. El pudor es una frontera mental que se termina de atravesar con la edad. Esas señoras se quitarán la ropa despacito en el médico, en la playa, quizá hasta delante de su marido, pero aquí los miramientos sobran. Las jóvenes son distintas, se quitan el sujetador mirando a los lados, o bien a las bravas como si estuvieran reafirmando algo dentro de su interior. Las señoras simplemente se lo quitan sin pasión, sin precauciones.

Hablan de lo buena que está el agua hoy, intercambian recetas, se preguntan por los nietos y los maridos, se cuentan sus visitas al médico. Siempre hay alguna risa.

Al salir todas tenemos la misma expresión, jóvenes, mayores. Mirada de haber hecho los deberes, satisfacción. Llegaron estresadas pensando en los largos que iban a nadar pero salen perezosas y relajadas. Se han entretenido en las risas, en echarse la crema en el cuerpo, en peinarse, se han vuelto a poner los anillos, los pendientes y el reloj. Agarran la mochila con paso decidido, el vestuario es un limbo en el tiempo pero es hora de volver al mundo.

Hermanas.