Retrospectiva de AGILE: ¿Terapia de grupo?

Hay muchas razones por las que creo que AGILE es una cultura de trabajo excelente. No sólo porque se basa en unos pocos procesos lógicos, sino sobre todo por los valores de los que va acompañado: respeto, compañerismo, trabajo en equipo… No deja de ser una filosofía aplicada para producir más, pero aún así creo que la gente trabaja mejor.

Además coincide con una crisis de valores en el mercado laboral. Vivimos acosados por la incertidumbre, la tecnología en cambio constante y una necesidad angustiosa de reinventarnos como profesionales. Según Richard Sennett a lo largo de nuestra carrera profesional desempeñemos tres profesiones completamente distintas. Eso supone una importante inversión en tiempo y energías para aprender tres profesiones desde cero. En este contexto es muy difícil construir una identidad laboral: ¿Cómo me gano la vida? ¿Quién soy? Nuestros abuelos podían responder con seguridad, nosotros necesitamos varios segundos de reflexión y elegimos la respuesta dependiendo del contexto y el interlocutor.

Con una carrera llena de altibajos y sin un objetivo claro más allá de sobrevivir la etapa laboral, resulta un reto definir cuáles son nuestros valores como profesionales.

Sennett lo explica con claridad en su libro La corrosión del carácter. El trabajo ayuda a conformar el carácter: la forma en la que nos relacionamos con los demás. El esfuerzo a largo plazo, el sacrificio, la constancia, la estabilidad y la confianza profunda en las personas con las que colaboramos, eran valores que tenían significado en los trabajos que se desempeñaban durante más de 10 años. Hoy se han diluido en un mercado laboral donde cada 5 años se espera cambiar de empleo y en el que cambiamos de compañeros de equipo y proyecto cada pocos meses. Psicológicamente se nos exige ser flexibles, entusiastas y dóciles ante las decisiones de la empresa. Las máquinas que empleamos no nos ayudan a pensar ni nos hacen sentir la emoción de enfrentarnos a retos y conseguir superarlos. Si lo único que se nos exige es apretar unos cuantos botones, nos volvemos  pasivos hacia las tareas, y reemplazables.

El 60% de los españoles sufre estrés en el entorno laboral.

El 5% tiene depresión.

Curiosamente Sennett apunta en los últimos capítulos de La corrosión del carácter dos posibles vías para aliviar esa carga psicológica que tenemos como trabajadores: la comunidad y la terapia de grupo. Después de trabajar casi un año con AGILE y de incorporar muchas de sus medidas a mi empresa y a la forma en la que abordo el doctorado, creo que esas dos vías psicológicas apuntadas por Sennet están de alguna manera recogidas dentro de la cultura y la filosofía AGILE:

Comunidad: Trabajo en equipo

Durante el tiempo que trabajé en un proyecto con metodologías ágiles tuve la suerte de tener a Samuel Casanova como Scrum Master. Llegó al proyecto con la difícil tarea de convertir en equipo a personas de 3 departamentos diferentes en los que aparecía el conflicto de forma sistemática. Los valores y las reuniones 1 a 1 fueron herramientas clave. No nos enseñan a ser miembros de equipo. A cooperar se aprende y requiere habilidades especiales que se están perdiendo.

El trabajo en equipo que empuja la cultura AGILE genera en parte ese sentimiento de comunidad. No son los lazos fuertes de una familia o de una comunidad real, sino los lazos débiles que explicaba Mark Garnovetter. Pero esos lazos débiles son esenciales para la cooperación, para no sentirnos aislados y enfrentados a tareas que nos pueden sobrepasar. El trabajo en equipo reduce esas sensaciones de angustia, nos permite enfrentarnos a la incertidumbre con más herramientas emocionales.

Terapia de grupo: ¿Retrospectiva?

En La corrosión del carácter Sennett hace un estudio histórico y sociológico de las condiciones de trabajo. Desde el Antiguo Régimen hasta la actualidad. Sin embargo no se queda ahí, lo acompaña con mucho trabajo de campo.

Una de las historias que cuenta es de un grupo de desarrolladores despedidos de IBM. El sociólogo pudo asistir como oyente a las reuniones que realizaban semanalmente en una cafetería de su localidad. Esa reunión informal durante meses fue de gran ayuda psicológica para los desarrolladores. Muchos habían sido despedidos en su cincuentena, con pocas posibilidades de volver a ser contratados en el sector tecnológico. Habían pasado de sentirse parte de la gran «familia IBM» con muchos beneficios sociales, ventajas y cuidado del empleado, a ser despedidos como una más de las medidas de «reorganización empresarial». ¿Cómo gestionar el sentimiento de traición, la sensación de fracaso personal o la depresión laboral? El libro cuenta cómo los profesionales atravesaron varias etapas: culpar a la empresa, culpar a desarrolladores baratos de otros países y por último culparse a sí mismos por no haber aprovechado la ola de Silicon Valley. Fue en ese momento cuando empezaron a valorar su trabajo y sus competencias y a empezar a motivarse para nuevos retos. La conversación, hablar del trabajo y hacerlo en equipo había sido clave para sanar las heridas y encontrar nuevas energías para salir adelante.

¿Qué es un retrospectiva de AGILE?

Dice Almudena Rodríguez, coach de Agile, colega y amiga, que de las ceremonias de AGILE la retrospectiva es una de las grandes olvidadas, y sin embargo es clave para el desarrollo del equipo. Es la reunión en un entorno seguro en el que las personas pueden explicar qué cosas se pueden mejorar, qué ha ido mal durante un sprint, cómo se han sentido como equipo y como individuos, y a qué se comprometen para mejorar su desempeño en el futuro. Es una reunión centrada en la productividad, pero también en la motivación, donde pueden aflorar frustraciones, ansiedades y estrés. Sirve en muchas ocasiones como válvula de escape emocional a las exigencias del proyecto o del mismo trabajo. Terapia de Grupo informal.

Foto de You X Ventures en Unsplash

Debido a los tiempos de los sprints y a las cargas de trabajo, se cancela con frecuencia aduciendo que se puede hacer cada dos sprints o bien que existe libertad para comentar cualquier cosa en el día a día y que es improductivo bloquear un par de horas en la agenda de todo el equipo. Puede ser, pero si tenemos una herramienta que permite aliviar el estrés laboral y que puede ayudar a reforzar los lazos entre las personas, ¿Por qué no usarla?

Hay otras vías para generar espacios informales de terapia de grupo: las cañas y el afterwork. Los que me conocen personalmente saben que soy una creyente de la religión de las cañas. No es lo que bebes, sino el hecho de reunirse, de verse fuera del trabajo, de ver a la persona delante de ti y no sólo al compañero. Fuera de la oficina la gente está más relajada y se abre con más facilidad a expresar su opinión sobre los proyectos, sobre sus motivaciones o sobre los aspectos que generan fricción.

Sin embargo las cañas corren el peligro de derivar la conversación lejos del proyecto o de los aspectos profesionales, por lo que la Retrospectiva es más eficiente como terapia de grupo sobre el proyecto y el trabajo. Lo ideal sería realizar ambas con cierta frecuencia.

Como dice Sennett, el trabajo y la carrera profesional están rodeados de mucha incertidumbre y ansiedad. Resulta esencial para nuestro equilibrio psicológico encontrar entornos donde nos sintamos arropados emocionalmente y donde podamos liberar tensiones. Sea en una sala de reuniones o en el bar.

 

 

 

 

 

 

 

 

«Estamos solos, pero tenemos miedo a la intimidad»

5:00 hoy sí hubo despertador. Hay mucho que leer. Entre los libros que tengo esperándome y haciéndome señas desde la estantería, hay dos de esta señora: Sherry Turkle. Psicóloga, especialista en analizar el efecto de la tecnología en las personas.

Mientras me tomaba el café me he visto este Ted de ella. No tiene desperdicio. Cosas como esta son las que me dan subidón, le dan sentido a esta aventura que acaba de empezar: comprender.

Hay un momento en el video que le preguntan si la suma de los tweets, o de los chats de un Whatssapp crean una conversación. La psicóloga responde categóricamente que no. WA/ Twitter/ Facebook…pueden dar información, se puede llegar a consenso, acuerdos; pero sólo en la conversación cara a cara a tiempo real, en la que titubeamos, nos equivocamos, nos miramos a los ojos y no controlamos la conversación borrando y editando; solo en ese intercambio es cuando aprendemos los unos de los otros.

La frase que estaba diciendo en este momento Turkle era la siguiente: «Aquellos que logran el máximo de sus vidas en la pantalla, llegan con un espíritu de autoreflexión.»

Parece que vienen muchas mañanas de estas, como Dorothy al principio del camino de baldosas amarillas. Pero como decía Pitágoras: «el principio es la mitad de todo».

[El blog va a ser una suerte de terapia para los pasos por el desierto]

Cada vez más solos en las Redes Sociales

¿Es la tecnología buena o mala?

Muchos periodistas ponen en entredicho el valor de la era digital haciendo preguntas tan naive como esa. Lo que deberíamos preguntarnos es si estamos haciendo un uso correcto de ella.

Es pronto para aventurar una teoría, pero los estudios y la monitorización de la red apuntan, que las redes sociales podrían estar potenciando determinadas cualidades individuales: la soberbia y el ego, la inseguridad y la falta de autoestima, la adicción a las actualizaciones… en suma algo muy paradigmático de una sociedad tan conectada: nos sentimos cada vez más solos.

Las redes sociales palian aunque parcialmente, nuestra necesidad de atención, haciéndonos más dependientes de ellas y reduciendo nuestra autonomía emocional.

El caso Whatsapp

Una de las apps esenciales en cualquier Smartphone, una de las pocas que se mantiene en el TOP 5 de descargas de todos los países. A pesar de todos sus beneficios (comunicación gratuita a tiempo real, diseño sencillo) está empezando a generar tendencias paranoicas. Muestra de ello son la colección de videos disponibles en Youtube sobre las dificultades que genera en la comunicación, o el número de hilos abiertos en Foro Coches de usuarios que preguntan sobre si el mensaje ha llegado o no al destinatario.

Aunque lo que más me ha impactado, es el miedo de muchos usuarios de la app a ser bloqueados por otro.

Así, una app que está destinada a facilitar la comunicación, lo que está generando son usuarios con una autoestima cada vez más baja, que necesitan saber en todo momento que alguien les escucha al otro lado de la pantalla.

Facebook

Según Foucault en “Vigilar y Castigar” un sistema penitenciario bien diseñado no necesitaba guardias. El individuo era el peor vigilante de sí mismo. Con Facebook ocurre justo lo contrario, el individuo se convierte en su mayor admirador, una red social que alimenta nuestras tendencias más narcisistas. (Aunque los seguidores de Twitter, los contactos de Linkedin o los Likes de Instagram son métricas que representan también estas tendencias).

Qué estás haciendo ahora?

En qué estás pensando?

De acuerdo al Doctor en Psicología social Larry D. Rosen, Facebook incentiva el narcisismo, aísla al individuo e incrementa su dependencia de la atención social recibida por la red. Actualizaciones de estado que no consiguen ningún tipo de interacción (Me gusta o comentario) generaban ansiedad en los sujetos de varios estudios sobre Facebook.

Aunque no todos los resultados son negativos, aparece el concepto de “empatía virtual”. La posibilidad de sentir como propios sentimientos de otros usuarios de una red social. Lo que en principio beneficiaría la comunicación y la cercanía con otros usuarios, pero siempre en entornos virtuales.

 ¿Es la exaltación del ego y el narcisismo, una forma de defensa?

¿Es cierto que nos sentimos cada vez más solos?