Alberto – historias de Barcelona

Luis y Mireya andaban un poco adelantados hablando de restaurantes bien de la ciudad. El con sus pitillos vaqueros, su camiseta raída de Sonic Youth y su bolsa de tela, ella con un pantalón sastre impoluto y unas deportivas de diseño. Hablaban ahora de un restaurante en Sant Gervasi que tenía cocina de mercado por menos de 30€ y luego del restaurante de sushi que había que visitar en el Ensanche.

Un poco detrás Mery y Alberto:

-A mí me gusta más cenar en casa, -dijo Mery señalando a Luis y Mireya. – Que también fuera, pero si me das a elegir prefiero en casa. Te pones un vinito, das conversación a los amigos, no sé, cómo que me gusta más. Entre cenar fuera y un concierto prefiero un concierto. No es un dinero que disfrute gastando.

-Bueno a mí me gustan los dos. -dijo Alberto. – A Mireya le encanta descubrir sitios nuevos así que desde que estamos en la casa nueva salimos más, pero  también me gusta hacer cosas en casa.

Siguieron andando despacio detrás de los otros.

-Ya, a Luis también le gusta, si fuera por él saldríamos más. A mí en lo que me encanta gastarme el dinero es en libros. Me encanta eso de mirar reseñas, ir a las librerías, revolver, encontrar algo que llevarte a casa, regalarlos… es de las cosas que más me gusta pagar.

-A mí también. Ay lo que pasa es que ya no tengo librero de confianza y acabo siempre comprando en La Casa del libro en La Central.

-¿Y eso? – dijo Mery- ¿No vas por Taifa? Está aquí en Verdi. Tienen mucho ensayo, los libreros son muy majos y siempre están presentando cosillas.

-Ya…pues no, no voy mucho. Es que antes tenía un librero en Gracia que me encantaba. Un señor mayor que tenía una tiendita a unas calles de la plaza del Sol, pero hace mucho que se jubiló. Me acuerdo que una temporada me dió por la literatura rusa, ahora no recuerdo muy bien por qué, a lo mejor algo que me recomendó él o algo que leí. Pero bueno el caso es que fui y le pregunté ,y me dijo «vete a la carnicería de la calle de atrás que atiende una rusa. Antes era profesora de literatura en su país, seguro que ella te dice». Y para allá que fui. Llego a la carnicería y veo una señora con sus carnes, toda de blanco con su gorra, cortando costillas con un cuchillo que parecía un ladrillo de grande y voy y le digo prudente «¿perdone es usted rusa?». Para de cortar, me mira y dice: «-Qué cojones rusa ni que rusa, yo soy de Ripollet!».

-Jajajjaja. – Mery se paró en medio de Verdi al lado de Alberto, sujetándose la tripa entre carcajadas.

-Mira, yo no sabía dónde meterme. «Uy disculpe, perdone, me he confundido». Salí corriendo de la carnicería. Y yo pensando «joder con la rusa».

Mery seguía riendo y dando palmas de la gracia.

-Mucha pinta de leer a Dostoyevski y Tolstoi no tenía, tengo que decir – siguió Alberto con risas. – Luego le fui a contar al librero y resulta que me había equivocado y no era la carnicería sino la charcutería de al lado. Pero ya me dió tanta vergüenza que no lo intenté.

Mery – historias de Barcelona

-Mirad esos dos deben ir también a la boda. – dijo Mireya desde el asiento de atrás del taxi.

-¿De qué van?- dijo Alberto mirando tras el cristal.

-Es rollo medieval, ¿no? Ahora en verano hay mucho mercado de estos por las fiestas de los pueblos, con el castillo pega todo.- apuntó Luis.

-Pues yo me tiré toda la infancia pensando que en los mercados medievales había vaqueros del oeste. – Soltó divertida Mery desde el asiento de copiloto.-

-¿Vaqueros? Tipo John Wayne y Clint Eastwood?- preguntó Mireya echándose hacia delante-.

-Eso mismo. En Esplugues el mercado medieval tiene vaqueros. – contestó Mery.-

El taxi se llenó de risas de todos menos de Mery, que seguía con las manos sobre la funda del traje doblada, muy derecha y divertida en el asiento de copiloto. Incluso el taxista echó unas risitas por lo bajo.

-Pero Mery, no lo dejes así, cuéntanos cómo es eso, cuéntanos más mujer. – dijo Alberto tocándole el hombro.

-Pues a ver, en las fiestas siempre hay mucha gente vestida de vaqueros que se mezclan con los que van de medieval. No sé muy bien por qué es pero la cosa es que de pequeña te parece de lo más normal, hasta que empiezas a entender que la cosa falla por algún lado. Aunque solo sea viendo películas te das cuenta de que el fraile de las cadenas no aparece en ninguna peli del oeste y que los forajidos no salen de los castillos. Podéis ir a verlo, vamos yo os animo a que os vengáis, es en Septiembre.

-¡Pues deberíamos ir todos! ¡Como propuesta para acabar el verano!- soltó Mireya- a ver vaqueros.

-Mes de septiembre de fiestas de Sants, Diada y vaqueros de Esplugues – soltó Luis entre carcajadas.

-¿Pero tan mal documentados están en Esplugues o qué?- siguió Alberto.

-Yo que sé, será por lo de las peliculas. Creo que hace años se rodaban allí pelis del oeste y a lo mejor no sabían que hacer con tanto vestuario. No sé a lo mejor querian hacer un mercado del Oeste pero tenía menos marketing que un mercado medieval. Yo que sé. Veníos, está gracioso de ver.