Honor, libertad, salud.

13:00 – Se conectó al seminario online. Hoy tocaba discutir el libro de Pablo Manolo Rodríguez, Las palabras en las cosas. Otro de esos ladrillos de 500 páginas que suponían un desafío intelectual desde la introducción hasta las tablas de contenidos.

Había llenado un cuaderno de 96 páginas sólo con las anotaciones y citas que había sacado del libro. Algunas estaban conectadas con lo que quería decir en la tesis, otras eran conceptos para discutir en el seminario. El libro era un repaso por los últimos 400 años de pensamiento, asimilando la historia social con la historia de las ciencias sociales y las ciencias físicas y matemáticas para acabar analizando los algoritmos. La conclusión era clara, en la actualidad solo había dos tipos de gobernabilidad: la algorítmica y la salud. Y esas dos áreas eran las que estaban dirigiendo las decisiones a nivel mundial.

Profesor: «Es curioso que ahora estemos confinados en casa con la crisis médica y al mismo tiempo discutiendo de la gobernabilidad médica».

La discusión continuó con las intervenciones de más compañeros. Le gustaban mucho los seminarios, el grupo tenía mucho nivel. Juntos sumaban muchos años de lectura académica y de investigaciones en campo. Estar ahí ya suponía un reto.

Profesor: «…el valor médico está desplazando al valor de la libertad. Miremos a los chinos, si nos guiamos por la aquiescencia con las medidas sanitarias que ha tomado el gobierno durante la pandemia, podríamos decir que la salud es más importante para ellos que la libertad. Un valor ha desplazado a otro en relevancia.»

Compañero 1: «…»

Compañero 2: «…»

Ella: «Querría retomar lo mencionado anteriormente sobre los valores. Me ha parecido muy interesante lo que comentabas Francisco sobre cómo la libertad como valor ha sido desplazada por el deseo de salud. Me hace reflexionar sobre qué otros valores han ido perdiendo importancia a lo largo de los últimos años además de la libertad; y creo que la privacidad sería una extensión de la libertad tal y como era entendida hace 20 años. Además comentándolo desde el libro, todos los sistemas algorítmicos te obligan a que des tu verdadera identidad, con procesos de verificación en dos pasos, datos cruzados como el teléfono o el email, etc. Es decir la privacidad ha dejado también de ser importante a medida que se renunciaba a determinadas libertades.»

Profesor: «totalmente. Yo lo veo en mis hijos, la privacidad para ellos es irrelevante. No lo entienden como un riesgo. En cambio hay otros valores que sí defienden, como que se les tenga en cuenta. Esto me recuerda a un proyecto en el que se estudió los valores de distintas generaciones en el espacio de trabajo. Lo que salía es que las generaciones después de los Millennials necesitaban tener un papel activo en la toma de decisiones y que si las generaciones mayores no lo entendían, acababa por generarse conflicto y problemas de comunicación.»

Pensó en las grandes compañías, telcos, utilities…se quejaban siempre de que no eran capaz de atraer o de retener talento joven. Quizá sus valores no encajaban en la cultura de empresa y los departamentos de Recursos Humanos eran incapaz de verlo. Quizá por eso el Agile era una solución para canalizar esas necesidades.

El Profesor continuó: «los valores van cambiando con el tiempo. Pensad en el honor. Hoy nos parece algo anacrónico, pero antes del s XVII el honor era uno de los valores más importantes…»

Se acordó de Iñigo Montoya, del Quijote, de la figura del hidalgo pobre y del honor de los samurais en Japón. El honor desapareció en algún lugar del siglo XVII a medida que el desarrollo industrial avanzaba a toda máquina desde los primeros talleres y fábricas. Otros valores empezaron a bullir desde abajo, la igualdad. Igualar a todos los obreros, a todos los hombres, a todos los seres humanos. Se extendió como se extienden todas las ideas, como los virus. El siglo XX había empujado el valor de la libertad, el deseo nacido de los regímenes autoritarios. Ser libre para pensar, para moverse; la globalización era la mejor expresión de ese movimiento y de ese derribo de fronteras.

¿Y ahora?

Compañero 3: «Si se impone el pasaporte sanitario será un control de todas las enfermedades y afecciones. Para conseguir un trabajo o poder moverte libremente por el mundo tendrás que acreditar que ya has pasado el Covid, el Sars, la varicela, que no eres portador del VIH, que nunca has tenido paperas y que tienes el colesterol bajo.»

El valor del culto al cuerpo había mutado. Ya no bastaba con parecer sano, joven y atlético, ahora tendrías que demostrarlo. La norma de clase sería estar sano. Cuanto más sano más posibilidades de ascender en la escala social. Ya no solo penalizaría estar gordo, también tener la gripe.

Buen momento para volver a ver Gattaca.

Apocalipsis

Me pilló con las peores pintas posibles. Mallas, calcetines de koala con orejas en formato pompón, jersey lleno de pelotillas, sin maquillar, con ojeras, y greñas de no cortarme el pelo en 5 semanas.

Sabía que algo gordo se cocía ese año: incendios, refugiados, la gripe…pero una piensa que el año siempre puede mejorar con un golpe de suerte. Optimista por parte de madre. Pero el Apocalipsis, ¿en serio? Pensaba que el fin de la humanidad sería un declive paulatino a lo Mad Max, como la desaparición del último lince ibérico tras años avisando en Jara y Sedal, y no la desaparición al estilo dinosaurio. Pim Pam.

Que no digo que no lo tuviéramos merecido, habíamos sido el peor cáncer de la Tierra. Varios miles de años siendo un «pain in the ass». Agricultura, contaminación, energía nuclear, plásticos… lo raro es que hubiéramos durado tanto. Si yo hubiera sido la Tierra le habría dado un manotazo a la humanidad entera al primer picotazo, como si fuera un mosquito. En lugar de esperar que me pusiera el culo como un colador. Sí, eso es lo que habíamos hecho, ser el puto mosquito de la Tierra, o peor, una avispa. Un enjambre inmenso de avispas a lo largo de nuestra historia como especie.

Por suerte para la Tierra, el Apocalipsis ya había llegado. Me habría gustado visitar Japón, o Islandia. O las dos. Ya no sería nunca una viejecita simpática yendo a clases de cerámica, y se acabó la idea de publicar algo alguna vez. De todas formas ¿quién me iba a leer estando todos muertos?

Cuando empezaron a caer pedruscos me entró el pánico. Absurdo, no había nada que pudiera hacer. No se podía escapar, y las líneas de teléfono no funcionaban, así que no habría forma de decirle adiós a mis padres. Casi mejor, habría sido todo más dramático.

Pensé que me quedaban unos minutos y que la espera con todo haciéndose añicos, iba a ser dura. Repasé todo lo que podía hacer antes de dejar de existir: echarme en la cama, poner música, darme una ducha, quizá un último orgasmo, comer guarradas… No tenía pastillas para dormir ni tampoco alcohol por casa (si nos hubieran avisando con tiempo la cosa habría sido más glamourosa). Así que al final me decidí por la droga más dura que había en mi cocina. Me hice un café largo, bien de azúcar. Que la muerte me pillase en pleno subidón de cafeína, dando botes y pensando que la vida había sido la ostia.

https://www.elconfidencial.com/tecnologia/ciencia/2020-03-04/enorme-asteroide-sobrevolara-tierra-29-abril-nasa_2481928/

Los de la NASA calcularon mal lo de la colisión.

La ilusión de lo cotidiano

«Según nos informan la ilusión de lo cotidiano es la falsa sensación de bienestar y normalidad en situaciones nuevas, atípicas o críticas.

Una ilusión de lo cotidiano habitual es la comodidad que se siente con una nueva pareja haciendo cosas banales como ir a la compra o recoger el salón, cuando esas actividades aún no forman parte de la vida real de la pareja como ente. En esos casos los individuos de la pareja están ensayando cómo podría ser su vida de seguir adelante con la unión.

Las ilusiones de lo cotidiano también pueden darse en situaciones atípicas; por ejemplo en casos de confinamiento prolongado. Cuando la población puede pretender que su día a día es como un domingo cualquiera. Todos reunidos en casa, obviando la realidad: el impedimento de salir a la calle. La sensación identificada es de vivir un domingo extremadamente largo, como han apuntado algunos de los entrevistados.

Por otro lado, según las consideraciones de la doctora Calleja, la ilusión de lo cotidiano también aparece en el proceso de creación de nuevas rutinas. Como salir al balcón cada día a las 20:00, estableciendo nuevos vínculos con el vecindario y organizando la agenda diaria en torno a un evento que en otras circunstancias se consideraría excepcional pero que en la ilusión de lo cotidiano se transforma en normal.

Por último, la ilusión de lo cotidiano aparece con frecuencia en situaciones críticas de enorme dramatismo, donde fingir normalidad puede hacer a los individuos sobrellevar graves desenlaces. Esto puede traducirse en el uso de saludos o formas comunes de hablar a un paciente, aún sabiendo que es posible que el «hasta mañana» sea solo una frase hecha.

Seguiremos informando desde las fronteras de la ficción. Cecilia Olmos para canal el 81.»

Infierno. Marzo 2020

Averno. Una de las muchas entradas. Oficinas de conteo.

-Caronte no has llegado a objetivos. ¿Otra vez te estás dejando a la gente en la orilla?

-No mi señor Paimón. No hay viajeros que recoger.

-¿Cómo que no hay viajeros que recoger? Siempre ha habido viajeros que recoger y la tendencia es que debería ir al alza. Los últimos informes daban altos niveles de odio gracias a nuestros bots en redes sociales. Ya deberían estar llegando a cientos los radicales.

-No sé qué decir señor. Mi orilla está vacía.

-Esto no va a quedar así Caronte. Habrá que responder ante el propio Lucifer de la caída de almas.

[…]

Salón de almas. Epicentro del infierno

-Ejem.

-Si, Paimón?

-Su bajísima vengo a informar.

-No hace falta, ya me ha llegado, no llegan almas.

-¿Ya lo sabía? Perdón su bajísima, claro que lo sabía. No quería dudar de su…

-¿Sabes lo gracioso Paimón? Que en este equilibro cósmico el juicio es teleológico, se aceptan todo tipo de armas y estrategias si el fin es en sí mismo bueno o malo. Así yo puedo emancipar a la mujer para lograr traer aquí algunos asesinos, violadores y políticos. Y él se puede arrasar el planeta entero para «devolverle el sentido a la humanidad, llenar de fe los corazones y traspasar las fronteras de solidaridad». Además tendrá efecto a largo plazo. Muchas generaciones después seguirá habiendo motivados que elijan ser médicos, o camilleras, o militares por el recuerdo de la pandemia. Es brillante. El viejo siempre tuvo gusto por el relativismo moral.

-¿Pero las epidemias no son cosa nuestra señor?

-No Paimón, las crearon arriba. Unen más que las guerras.

Alexa ¿Me contagiaré hoy?

Christian: Alexa, ¿qué hora es?

Alexa: Son las 8:25 de la mañana.

Christian: Alexa, ¿va a llover esta semana?

Alexa: Posiblemente, para los próximos 7 días se espera una probabilidad de lluvia del 58% en Camp Nou. Se espera aproximadamente un total de 8,2ml.

Christian: Alexa, ¿me contagiaré esta semana?

Alexa: Tu probabilidad de contagio esta semana es inferior al 23%. Se espera que aumente hasta el 67% en los próximos 21 días. Las autoridades sanitarias recomiendan continuar con la fase de confinamiento hasta el 11 de abril.