Conocer a alguien nuevo en contexto

Internet está lleno de paradojas.

  • Cuando más fácil es estar informado, más desinformados estamos, una era marcada por la posverdad.
  • Podríamos desarrollar una visión más amplia, alimentada de diferentes opiniones, pero la burbuja digital y los algoritmos sólo nos encierran en silos.
  • Podríamos conocer a mucha gente, pero lo cierto es que conocemos (de verdad) a muy poca.

Y aquí va la reflexión. La gente actúa de forma distinta contigo dependiendo del medio y el contexto en el que te haya conocido.

TINDER-HAPPN-ADOPTAunTIO-GRINDR

No voy a entrar en el análisis de porqué tienen éxito, y qué cambios estructurales del sistema social las han hecho posibles. Me gustaría centrar la atención en cómo actuamos con los demás dependiendo de cómo los hayamos conocido.

«Me gusta el amigo de tu amigo»

Tú llegabas a un entorno social nuevo, la facultad, un trabajo, una fiesta…te presentaban a un montón de gente de la que luego no recordabas el nombre. Pero aquel chico alto y desgarbado y muy tímido, intercambiaba contigo un par de frases hablando de música o libros, o cine y te quedabas con su nombre.

Y luego le volvías a ver en clase, en el trabajo, o en otra fiesta de tus colegas, hablabais más y ganaba puntos a medida que decía que le gustaban los Smiths, que tenía toda la discografía de Tricky o Massive Attack y que una de sus pelis de culto era «Días Extraños». Otro día te grababa una cinta o un CD con temas de Alpha y de Lamb, y cuando te querías dar cuenta habían pasado 6 meses y ya erais oficialmente novios. Y todo esto sucedía arropados por una red invisible de contactos y lugares comunes: los amigos de la facultad, los espacios de la univesidad (las clases, la cafetería, el parque donde la gente fumaba porros, jugaba con el Hacky y hablaba de Habermas), el trabajo y los compañeros, etc.

Las relaciones sucedían dentro de un contexto social definido.

Si hacías algo mal había otros que reprocharían tu conducta, si la relación avanzaba el entorno era partícipe de ello. Tus «otros» (amigos, amigas, familiares…) eran parte de todo el proceso:

  • «¿Te fue a buscar en coche?» «Qué majo»
  • «¿Te besó ella?» «Ostia, qué lanzada. Esta chica mola»
  • «Y te dio la mano en el cine?» «Esto es serio!!»

Y ahora?

Ahora. En realidad no hemos cambiado tanto, seguimos compartiendo estas cosas con nuestros colegas. Aunque quizá lo contemos menos emocionados. La vida ya nos ha demostrado que hay que tener los pies en el suelo y no fliparse mucho,  no tenemos 20 años. A partir de los 30 el amor se carga de condicionantes.

 

Pero…y aquí va el quid del post:

Ahora puede ser que esa red de contactos sean en realidad dos redes completamente aisladas. Que no haya espacios ni personas en común. Y esto tiene sus propias consecuencias, y es que esa red compartida que te animaba a tener más paciencia en la relación, te decía desde fuera lo que no terminaba de encajar o facilitaba que hubiera más encuentros con ese chico, antes o después de dejarlo. Ha desaparecido.

…y ahora cabe la posibilidad de que conozcas a alguien, encuentre su propio hueco en tu vida y que después de unos meses se acabe. Y a diferencia de antes que te ibas a volver a ver en el mismo contexto donde te habías conocido (facultad, trabajo, amigos compartidos) puede que esta persona simplemente deje de estar.

Llevo unos días dándole vueltas. ¿Y si ahora que nadie de nuestro círculo va a censurarnos, porque no son parte del contexto de la relación, vamos a actuar de forma distinta? Quizá con menos preocupación por tratar bien a la otra persona, ¿de forma más superficial? ¿Nos sentimos más libres para ser unos gilipollas y tratar mal a la otra persona?

Me preocupa la falta de interés que mostramos cada vez más por las personas que pasan por nuestra vida. Nos volcamos en nuestros colegas, a los que convertimos en nuestra mejor relación de pareja, y mientras «usamos» (perdón por el concepto de usar, pero creo que lo describe muy bien para algunos casos, y conste que he conocido a gente excepcional en la red a la que aprecio) a las personas que conocemos en las apps.

¿Nos estamos deshumanizando en nuestro uso de las apps (para ligar)?

Reflexiones compartidas: Debería la tristeza ser pública? La tristeza en las redes sociales

Me gustaría utilizar algunos de los posts del blog para plantear cuestiones que me llevan un tiempo rondando la cabeza y para los que aún no tengo una respuesta definida. Voy a arrancarlos como «Reflexiones» que quizá un día pueda retomar y hacer una investigación más detallada.

 

He estado triste. Y yo que suelo publicar con relativa frecuencia en Twitter e Instagram, me he visto en un pequeño dilema personal. ¿Debería publicar cómo me siento?

Parece haber un acuerdo tácito en las redes, de qué puede y qué no puede ser publicado. Lo bueno se publica, lo malo no se expone. ¿Por qué? ¿Por qué es pública la felicidad? ¿Por qué no es privada como la tristeza, la pérdida, la angustia o el estrés?

Si publicamos eventos sociales, en los que hay mucha emoción compartida como un partido, una graduación, una boda…por qué no publicamos una foto de un funeral? ¿Qué entendemos exactamente como «respeto»? ¿No deberíamos también respetar a los novios recién casados y no llenar la red de fotos de uno de sus días más íntimos? Son conceptos y límites que se construyen culturalmente y también sufren pequeñas modificaciones a lo largo de la historia. Podríamos decir que la melancolía tuvo su momento de gloria en pleno romanticismo.

tristeza publica

¿Qué sería de la ópera, la literatura o la pintura sin ese breve periodo a finales del s. XVIII cuando podías expresar abiertamente, que la vida era una mierda para luego morirte entre toses y estertores de una galopante tuberculosis?

Fue breve.

Si nos vamos a la Edad Media,  lo que se llevaba era el sufrimiento. Eras un dolente de Dios y por tanto tenías que sufrir tu destino con los mayores obstáculos en pos de una vida póstuma al lado de los justos del señor. OLE. El que más sufra tiene premio. Lo pienso y sólo me acuerdo del Humor Amarillo de Takeshi Kitano: el que más golpes reciba en el Laberinto del Chinotauro o se pegue la ostia más gótica en las zamburguesas, tiene premio al salir. Un santo Job con casco de color y mono impermeable para pasar todas las pruebas que Dios le encomendase.

humor amarillo

 

¿Y ahora qué? Sufrir ya no se lleva, vivimos en una era de materialismo. Comprar es guay. Comprando eres feliz. Los datos siempre dan la razón. En esta mezcla de positivismo científico recuperado con internet y el big data y el postmodernismo cultural impostado que representan las nuevas tribus urbanas, ¿Cuál es la emoción de moda?

Tienes que estar feliz SIEMPRE.

Lo leo y lo releo y me parece una condena. Me considero una persona bastante alegre, si lo analizo con detenimiento probablemente la considero una de las cualidades o principios que le dan forma a mi carácter. Pero, ¿Siempre?

En cuanto muestras algún signo de que tu banda sonora emocional la están marcando Radiohead o American Football, el círculo cercano se cierra en filas para sacarte de casa, llevarte de fiesta, instarte a que te instales el Tinder, el Happn o qué se yo, a que te gastes dinero en comprar cosas bonitas que te distraigan de lo que sientes y a evitar de todas las maneras posibles que expreses y hagas pública una emoción que está muy mal vista: la tristeza.

Y esto aplica también a las redes sociales.

Todos tenemos un amigo en nuestro Facebook que de forma sistemática publica frases que parecen una llamada de atención para darle un abrazo. Al principio le mandas todos esos abrazos por la red, lo llamas o incluso intentas quedar con él. Al cabo de un tiempo asumes que tienen un carácter melancólico, como exponía Joaquina Fernández en sus clases de coaching, y empiezas a hacer relativo caso a esos amigos. En el fondo sabes que están más o menos bien. Como la canción de los argentinos.

Pero no estoy hablando de esos amigos reincidentes en el tema, sino del resto. De gente que normalmente parece feliz, publica sus canciones, se queja un poco de política, habla de trabajo, de las fiestas con los amigos, o de las pequeñas victorias deportivas (o sea, una mayoría amplia de los usuarios de la red).  Esta gente que un día publica algo que interpretamos como «está fotut» y allá que vamos a tapar, animar y devolverle a la senda del «todo está bien y no pasa nada».

¿Y por qué lo hacemos?

¿Por qué está tan mal visto estar triste? ¿Cuándo empezamos a censurarlo?

Sin investigarlo mucho, y a riesgo de equivocarme muchísimo, me parece que la pista la tiene la cultura norteamericana (siempre está bien que haya un malo de la película para echarle la culpa de todo). La motivación, la superación y el aprendizaje desde el fracaso (cosas con las que me identifico y en las que creo firmemente) no necesariamente tienen que ir unidas a la censura de la que hablo, pero cuando les sumas el mensaje omnisciente del consumismo, empieza a oler a chamusquina. No?

Cuando estaba estudiando el master tuve que leer un par de artículos sobre reconocimiento facial de las emociones. Uno de ellos decía que en algunos centros comerciales de Estados Unidos, utilizaban este tipo de tecnología como piloto para incrementar las ventas. Los vendedores se centraban específicamente en aquellas personas que parecían estar tristes, eran más vulnerables a incrementar el total de su ticket medio.

Comprar para dejar de sentir.

Además estar triste tiene que ser breve, muy breve. Se te tiene que pasar rápido, porque si no, eres un blando y un débil. Escoria social (estoy exagerando).

No sé, creo que tengo que darle más vueltas a esto, me gustaría entender por qué reaccionamos así ante la tristeza de otros (y a veces ante la nuestra propia) y cómo hemos construido culturalmente esa emoción que es tan humana y también tan necesaria para gestionar nuestra vida de forma eficiente.

La foto de la portada está sacada de un libro de Patricia Benito, Primero de Poeta.

 

Añado una cita que me ha parecido relevante…

«La sociedad de consumo, que tanto defiende el individualismo y un hedonismo frenético, me sigue pareciendo incompatible con un amor duradero. Al sistema le interesa más contar con solteros infelices, porque estos siempre consumen más»

Frédéric Beigbeder
Jot Down Smart 18

Seres humanos eficientes y el proceso de explorar las propias limitaciones

Hace pocas semanas vi un documental en Filmin sobre los suecos y su forma de ver la felicidad, muy unida a la independencia y la autonomía personal. El documental venía a decir que en realidad, lo que están es muy solos. No tiene desperdicio. Se llama The Swedish theory of love.

En algún momento mencionaron el concepto «ser humano eficiente» y me he quedado con ello dándome vueltas desde entonces.

¿Qué es un ser humano eficiente?

¿Soy yo un ser humano eficiente? Algo así como las preguntas que se hace Leticia Dolera en Requisitos para ser una persona normal. Porque en estos momentos:

  • No tengo hijos
  • Ni pareja
  • Ni mascota
  • Ni hipoteca

Y añado que desde hace un mes, tampoco tengo trabajo y me encuentro en la divertida situación de ponerme con las «Tareas pendientes». Algunas de ellas claves para ser un «Ser humano eficiente» o que por lo menos yo considero básicas. Entonces, si estuviéramos en un bar (porque los bares y las cafeterías son los espacios creativos por antonomasia) y tuviésemos que enumerar aquellas características que determinan un ser humano eficiente, ¿cuáles serían?

Áreas de eficiencia humana

Buscarse la vida – currar-. De momento en standbye mientras me dedico a la exploración del resto de puntos.

Gestionar las emociones. Ya sé que suena moñas, pero mi experiencia me dice que es clave para estar bien, incluso si las circunstancias son duras. Eso es así. Ya sea con libros de autoayuda, coachs, terapeutas o colegas sabios que te dan un consejo en el momento justo. Todos necesitamos aprender cómo gestionar las situaciones difíciles para que no acaben con nosotros.

Aprender bricolaje. Mi vida cambió las Navidades que le pedí a mi madre que me regalase un taladro. Fue ya mudada aquí a Barcelona y viviendo sola. Tenía un montón de cuadros que colgar, y quería aprender cómo hacerlo yo. EMPODERA, el taladro en la mano es una declaración de intenciones en sí mismo. Es hacer un Armstrong: AQUÍ PLANTO BANDERA!! o cuelgo mis cuadros. (La gente que haya vivido en varios países y haya hecho muchas mudanzas me entenderá sin problemas).

Aprender bricolaje

 

Hacer la declaración de la Renta. Reconozco que hay muchos conceptos de esto que sigo sin entender, pero desde hace unos años ya sé presentarla sin problema (sin sufrir y tener que llamar a alguien para entenderla). ¿¿Por qué no enseñan esto en el instituto??

Aprender a cocinar. Hay vida más allá de la bolsa de lechuga Florette y la lata de atún. El día que aprendes a hacer una crema o una sopa, te sientes más en casa; y el día que consigues hacer un arroz por ti misma, deja de ser relevante si los hombres que conoces saben o no cocinar. Ya no les suma ni resta puntos.

ser humano eficiente
…ya no les resta ni les suma puntos.

Lo de cocinar está siendo una de mis actividades principales en esta época de barbecho profesional. Gracias al apoyo de mis amigos Alfonso y Jimena, que son los responsables del blog de Recetas de Rechupete y de los libros que han publicado. Ya he probado a hacer varias recetas, y de momento siguen vivos todos mis conejillos de indias.

Vale, entonces ¿Ya sé cuidar de mi misma? ¿Soy un ser humano eficiente?

Pss, hombre, yo diría que me falta un hervor (uno muy largo) pero estamos en ello. Ya no enveneno a nadie, ni me veo obligada a pagar para que me cuelguen unos cuadros o por hacerme la declaración.

Bricolaje, Emociones, Cocina…

Explorar otras cualidades, otras áreas de creatividad y de desarrollo personal, está siendo clave en estos días que estoy viviendo. Los humanos somos seres complejos, no sólo podemos ser médicos, sociólogos, o abogados, hay mucho más por descubrir. Es el concepto de Mutipotencialidades.

Y esas tareas que nos hacen eficientes, no sólo son válidas para cuidar de nosotros mismos y cuidar de otros, sino que su aprendizaje y experimentación, también empujan nuestra creatividad y ponen las condiciones necesarias para innovar…

Un ser humano no sería eficiente si perdiese su capacidad creativa (no estoy hablando de pintar mandalas ni de ponerme a tejer bufandas de punto) sino de encontrar en cualquier situación la oportunidad de seguir creciendo y aprendiendo; y resolver los retos con los recursos de los que disponemos.

Seguiremos explorando.

 

 

Posters para inspirar

Algo que he aprendido este año es que la inspiración funciona. Todo depende de la motivación, pero con motivaciones que realmente signifiquen algo para nosotros, que sean personales.

Marcarse una meta y trabajar para alcanzarla. Igual que una campaña o una empresa, tener un objetivo y hacer que cada decisión que tomemos nos acerque un poco más a ella.

Mi sugerencia es que este año nos hagamos todos un plan para alcanzar nuestros sueños, elijamos las imágenes que mejor lo expresan y nos acerquemos a un Workcenter o similar a imprimirlos. Colgarlos bien cerca de donde trabajéis, que se conviertan en recordatorios de que los sueños se alcanzan pero hay que trabajar para lograrlos.