Identidad digital sólida

En el año 1999 anticipando el cambio de siglo, Bauman publicó uno de los ensayos que más ha marcado el pensamiento de los últimos veinte años: Modernidad Líquida. En el texto el sociólogo polaco compartía con el mundo una visión muy particular de lo que nos estaba pasando como sociedad: la creciente exigencia de flexibilidad en el trabajo, en las relaciones, en la economía…las estructuras firmes y sólidas que habían marcado el pasado: el Estado, la familia, se disolvían y perdían fuerza frente al creciente individualismo.

En ese momento Internet era la mejor metáfora de esa modernidad líquida, una entidad sin forma definida, adaptable, maleable. Un espacio ambiguo: el virtual, donde todo era posible y donde podíamos ser quienes quisiéramos ser. Podíamos inventarnos a nosotros mismos en los chats de IRC, o en Second Life, podíamos ser múltiples como si se tratase del Lobo de Deleuze y Guattari e inventarnos identidades que expresasen todo lo que no podemos ser fuera de la pantalla. Que produjésemos la imagen de nosotros que nos gustaría tener: hombres, mujeres, monstruos, viejos, adolescentes… Desprendernos de las limitaciones que el cuerpo nos impone y vivir una vida alternativa. Tener como decía Turkle, un «yo misma» secundario. De quita y pon.

«soy una caja registradora» «soy un disfraz de tigre»

Hidrogenesse: Disfraz de tigre.

Sin embargo los últimos 20 años han evolucionado en una dirección completamente distinta. Mucho más cercana a la sociedad del control y la vigilancia que describía Foucault en Vigilar y Castigar. ¿Qué ha pasado? Para empezar aparecieron las redes sociales, y con ellas los trolls: personas que empleaban identidades falsas para difamar, insultar, incitar al terrorismo… La sociedad (nosotros) hemos exigido a las plataformas que se vuelvan más transparentes, que persigan las fake news y que revelen la identidad de los que se esconden tras un avatar. Las plataformas lo han hecho encantadas y, mediante soluciones técnicas, han ido eliminando el anonimato de la red y en parte, la libertad líquida de inventarnos a nosotros mismos.

El anonimato está desapareciendo.

Los sistemas de privacidad, diseñados y programados con mecanismos de doble verificación, hacen posible que cualquier hacker o algoritmo nos encuentre en todas las plataformas posibles con nuestro número de teléfono y un email. Se supone que la doble verificación tiene como objetivo que nadie suplante nuestra identidad en la red (phishing). Sin embargo, la realidad es que estamos identificados y nuestra información personal más interconectada y disponible: dónde vivimos, trabajamos, lo que compramos, la comida que pedimos y pagamos, los pasos que andamos, nuestro peso, la música que oímos, con quién estamos, etc

Sistema de doble verificación de Google.

Nuestra ignorancia es total. Sabemos que Google sabe mucho de nosotros, igual que Facebook, Instagram, nuestro banco, nuestro trabajo… lo que no acertamos a saber es cuánto y cómo de conectadas están en realidad esas plataformas entre sí. Hasta qué punto se comparte información sobre nosotros y para qué se utiliza exactamente. Como un trenecito de conexiones donde cada vagón es un pequeño pedazo de información de nosotros. Cuando las partes se ponen juntas dejan en evidencia todo lo que hacemos y somos.

El gran engaño de la Marca Personal.

Las universidades van siempre un poco rezagadas en relación al resto del mundo. Son instituciones burocratizadas, lentas y reticentes a los cambios, quizá es un mecanismo propio para asegurar que antes de incorporar algo nuevo, ha sido verificado en el resto de la sociedad.

2019. Nos contaba mi tutor del doctorado que la Universidad ha incorporado este año por primera vez, cursos de marca personal para los alumnos. Producir una identidad única y original que nos ayude a destacar por encima de la media y para que encontrar trabajo, sea un poco más fácil.

En 2009 ya se hablaba de marca personal en marketing online: un blog, una cuenta de Twitter, Facebook, Linkedin… Expresa quién eres de forma sólida, coherente, que no haya incongruencias entre lo que haces y lo que dices que haces, lo que publicas y cómo actúas. Utiliza el mismo nickname en todas las redes, que Google no tenga problemas en rastrear tu identidad por la red. Así cuando alguien ponga tu nombre en el buscador, tú y nadie más que tú, aparecerá en los primeros resultados. A esto le siguió la fiebre por los followers, las visitas, las conexiones. Como si de una página web se tratase, cuanto más conectado estás, más relevante entiende Google que eres. Eres un hub, un nódulo conectado de forma múltiple. Eres un influencer…

Mentira descomunal. La influencia está más relacionada con la capacidad de persuasión que con el número de «amigos en Facebook» o los «seguidores en Instagram». Sin embargo, la realidad 10 años después es que esa construcción de una Identidad Digital Sólida se ha vuelto una norma más que una excepción y que incluso la universidad, anima a sus alumnos a definirse como una marca.

¿A quién beneficia todo esto? A los algoritmos, a las grandes corporaciones, al Estado. ¿Acaso la desaparición del anonimato no es ya una forma de control político y social? China y otros países están añadiendo el rostro y las huellas digitales al control de la identidad. EEUU controla la actividad y localización de millones de ciudadanos mediante el móvil. Google, Facebook, Apple, Amazon no valoran lo que haces, sólo quieren que compres y consumas más.

Sólo la periferia del sistema se libra de ese control de identificación, la deep web. El resto del mundo exige que tengas identidad en la red, que estés conectado de forma múltiple y que seas coherente.

Libertad personal, la gran perdedora.

¿Hemos renunciado a la libertad del anonimato y la capacidad de crearnos en la red, por la comodidad de tener todo conectado? ¿Qué estamos perdiendo sin ser del todo conscientes? Y de resistirnos, ¿podríamos escapar de verdad a la Red? ¿Podríamos engañarla como hizo Sandra Bullok en la película de 1995?

Tras la reflexión, es necesario replantearse si la visión de Bauman sigue siendo vigente. Las estructuras tradicionales no han desaparecido del todo, sólo han sido sustituidas por otras más grandes y multinacionales. Más firmes de lo que parece. Quizá estas estructuras no tengan un centro visible, alguien a quien culpar o hacer responsable, pero lo que es seguro es que el control de individuo sigue estando ahí. Quizá más sólido que nunca.

Lecturas interesantes:

  • El algoritmo del amor. Duportail.
  • Alquimia: Cómo los datos se están transformando en oro. López Zafra y Queralt.
  • Mil mesetas. Guattari y Deleuze.
  • Modernidad Líquida. Bauman.
  • Vigilar y castigar. Foucault.
  • Second Self. Turkle

Retrospectiva de AGILE: ¿Terapia de grupo?

Hay muchas razones por las que creo que AGILE es una cultura de trabajo excelente. No sólo porque se basa en unos pocos procesos lógicos, sino sobre todo por los valores de los que va acompañado: respeto, compañerismo, trabajo en equipo… No deja de ser una filosofía aplicada para producir más, pero aún así creo que la gente trabaja mejor.

Además coincide con una crisis de valores en el mercado laboral. Vivimos acosados por la incertidumbre, la tecnología en cambio constante y una necesidad angustiosa de reinventarnos como profesionales. Según Richard Sennett a lo largo de nuestra carrera profesional desempeñemos tres profesiones completamente distintas. Eso supone una importante inversión en tiempo y energías para aprender tres profesiones desde cero. En este contexto es muy difícil construir una identidad laboral: ¿Cómo me gano la vida? ¿Quién soy? Nuestros abuelos podían responder con seguridad, nosotros necesitamos varios segundos de reflexión y elegimos la respuesta dependiendo del contexto y el interlocutor.

Con una carrera llena de altibajos y sin un objetivo claro más allá de sobrevivir la etapa laboral, resulta un reto definir cuáles son nuestros valores como profesionales.

Sennett lo explica con claridad en su libro La corrosión del carácter. El trabajo ayuda a conformar el carácter: la forma en la que nos relacionamos con los demás. El esfuerzo a largo plazo, el sacrificio, la constancia, la estabilidad y la confianza profunda en las personas con las que colaboramos, eran valores que tenían significado en los trabajos que se desempeñaban durante más de 10 años. Hoy se han diluido en un mercado laboral donde cada 5 años se espera cambiar de empleo y en el que cambiamos de compañeros de equipo y proyecto cada pocos meses. Psicológicamente se nos exige ser flexibles, entusiastas y dóciles ante las decisiones de la empresa. Las máquinas que empleamos no nos ayudan a pensar ni nos hacen sentir la emoción de enfrentarnos a retos y conseguir superarlos. Si lo único que se nos exige es apretar unos cuantos botones, nos volvemos  pasivos hacia las tareas, y reemplazables.

El 60% de los españoles sufre estrés en el entorno laboral.

El 5% tiene depresión.

Curiosamente Sennett apunta en los últimos capítulos de La corrosión del carácter dos posibles vías para aliviar esa carga psicológica que tenemos como trabajadores: la comunidad y la terapia de grupo. Después de trabajar casi un año con AGILE y de incorporar muchas de sus medidas a mi empresa y a la forma en la que abordo el doctorado, creo que esas dos vías psicológicas apuntadas por Sennet están de alguna manera recogidas dentro de la cultura y la filosofía AGILE:

Comunidad: Trabajo en equipo

Durante el tiempo que trabajé en un proyecto con metodologías ágiles tuve la suerte de tener a Samuel Casanova como Scrum Master. Llegó al proyecto con la difícil tarea de convertir en equipo a personas de 3 departamentos diferentes en los que aparecía el conflicto de forma sistemática. Los valores y las reuniones 1 a 1 fueron herramientas clave. No nos enseñan a ser miembros de equipo. A cooperar se aprende y requiere habilidades especiales que se están perdiendo.

El trabajo en equipo que empuja la cultura AGILE genera en parte ese sentimiento de comunidad. No son los lazos fuertes de una familia o de una comunidad real, sino los lazos débiles que explicaba Mark Garnovetter. Pero esos lazos débiles son esenciales para la cooperación, para no sentirnos aislados y enfrentados a tareas que nos pueden sobrepasar. El trabajo en equipo reduce esas sensaciones de angustia, nos permite enfrentarnos a la incertidumbre con más herramientas emocionales.

Terapia de grupo: ¿Retrospectiva?

En La corrosión del carácter Sennett hace un estudio histórico y sociológico de las condiciones de trabajo. Desde el Antiguo Régimen hasta la actualidad. Sin embargo no se queda ahí, lo acompaña con mucho trabajo de campo.

Una de las historias que cuenta es de un grupo de desarrolladores despedidos de IBM. El sociólogo pudo asistir como oyente a las reuniones que realizaban semanalmente en una cafetería de su localidad. Esa reunión informal durante meses fue de gran ayuda psicológica para los desarrolladores. Muchos habían sido despedidos en su cincuentena, con pocas posibilidades de volver a ser contratados en el sector tecnológico. Habían pasado de sentirse parte de la gran «familia IBM» con muchos beneficios sociales, ventajas y cuidado del empleado, a ser despedidos como una más de las medidas de «reorganización empresarial». ¿Cómo gestionar el sentimiento de traición, la sensación de fracaso personal o la depresión laboral? El libro cuenta cómo los profesionales atravesaron varias etapas: culpar a la empresa, culpar a desarrolladores baratos de otros países y por último culparse a sí mismos por no haber aprovechado la ola de Silicon Valley. Fue en ese momento cuando empezaron a valorar su trabajo y sus competencias y a empezar a motivarse para nuevos retos. La conversación, hablar del trabajo y hacerlo en equipo había sido clave para sanar las heridas y encontrar nuevas energías para salir adelante.

¿Qué es un retrospectiva de AGILE?

Dice Almudena Rodríguez, coach de Agile, colega y amiga, que de las ceremonias de AGILE la retrospectiva es una de las grandes olvidadas, y sin embargo es clave para el desarrollo del equipo. Es la reunión en un entorno seguro en el que las personas pueden explicar qué cosas se pueden mejorar, qué ha ido mal durante un sprint, cómo se han sentido como equipo y como individuos, y a qué se comprometen para mejorar su desempeño en el futuro. Es una reunión centrada en la productividad, pero también en la motivación, donde pueden aflorar frustraciones, ansiedades y estrés. Sirve en muchas ocasiones como válvula de escape emocional a las exigencias del proyecto o del mismo trabajo. Terapia de Grupo informal.

Foto de You X Ventures en Unsplash

Debido a los tiempos de los sprints y a las cargas de trabajo, se cancela con frecuencia aduciendo que se puede hacer cada dos sprints o bien que existe libertad para comentar cualquier cosa en el día a día y que es improductivo bloquear un par de horas en la agenda de todo el equipo. Puede ser, pero si tenemos una herramienta que permite aliviar el estrés laboral y que puede ayudar a reforzar los lazos entre las personas, ¿Por qué no usarla?

Hay otras vías para generar espacios informales de terapia de grupo: las cañas y el afterwork. Los que me conocen personalmente saben que soy una creyente de la religión de las cañas. No es lo que bebes, sino el hecho de reunirse, de verse fuera del trabajo, de ver a la persona delante de ti y no sólo al compañero. Fuera de la oficina la gente está más relajada y se abre con más facilidad a expresar su opinión sobre los proyectos, sobre sus motivaciones o sobre los aspectos que generan fricción.

Sin embargo las cañas corren el peligro de derivar la conversación lejos del proyecto o de los aspectos profesionales, por lo que la Retrospectiva es más eficiente como terapia de grupo sobre el proyecto y el trabajo. Lo ideal sería realizar ambas con cierta frecuencia.

Como dice Sennett, el trabajo y la carrera profesional están rodeados de mucha incertidumbre y ansiedad. Resulta esencial para nuestro equilibrio psicológico encontrar entornos donde nos sintamos arropados emocionalmente y donde podamos liberar tensiones. Sea en una sala de reuniones o en el bar.

 

 

 

 

 

 

 

 

Días convulsos

Saco el móvil en medio de un concierto, 5 mensajes de whatsapp: mi madre, mi madrastra, mi hermana, mi socio y una amiga con la que hacía tiempo que no hablaba. Preocupados, preguntándome si los disturbios me pillan lejos de donde estoy. Les contesto lo mismo que llevo diciendo toda la semana, que la tele exagera, que en mi barrio la cosa no se nota y que los violentos son 4. Verdades a medias para tranquilizar al personal. Bromeo, les mando una foto del concierto para mostrarles que aquí la vida sigue. Lo que me guardo de decir es que la tensión se nota y que la convivencia no es la de todos los días.

Identidad, nación, cultura.

Identidad: 1. f. Cualidad de idéntico. 2. f. Conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás. 3. f. Conciencia que una persona tiene de ser ella misma y distinta a las demás. 4. f. Hecho de ser alguien o algo el mismo que se supone o se busca. 5. f. Mat. Igualdad algebraica que se verifica siempre, cualquiera que sea el valor de sus variables.

Nación: 1. f. Conjunto de los habitantes de un país regido por el mismo Gobierno. 2. f. Territorio de una nación. 3. f. Conjunto de personas de un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común. 4. f. coloq. p. us. nacimiento (‖ acto de nacer). Ciego de nación. de nación 1. loc. adj. U. para dar a entender el origen de alguien, o de dónde es natural.

Cultura: 1. f. cultivo. 2. f. Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico. 3. f. Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc. 4. f. desus. Culto religioso. cultura física 1. f. Conjunto de conocimientos sobre gimnasia y deportes, y práctica de ellos, encaminados al pleno desarrollo de las facultades corporales. cultura popular 1. f. Conjunto de las manifestaciones en que se expresa la vida tradicional de un pueblo.

Mi colega Quike me ha pegado eso de ir a la RAE cuando hay dudas sobre un término. En antropología es una buena forma de estar seguros de que estamos identificando los conceptos con propiedad y de que se están delimitando cosas distintas.

Identidad, nación y cultura son cosas diferentes, y sin embargo desde el romanticismo y los movimientos liberales del s.XIX se confunden y se utilizan para justificar políticamente auténticas barbaridades. Ahí tenemos el caso del postcolonialismo en África, la creación de estado de Israel, con todas sus consecuencias, o la expulsión sistemática de etnias que no caben en la idea que se quiere construir de estado nacional.

La identidad es una construcción social para distinguir un «nosotros» de un «ellos». Como una camisa de fuerza que nos limita y nos obliga a una determinada conducta, gustos, símbolos para dejar claro al resto de miembros que seguimos siendo uno de ellos. Con la identidad o estás dentro, o estás fuera. Te obliga a posicionarte de una manera artificial y permite un escaso espacio de evolución personal.

La nación debería ser el conjunto de personas que viven dentro de un estado de derecho, regulados por una serie de normas y convenciones que asegurasen la convivencia pacífica y donde los ciudadanos tuvieran el derecho a perseguir la felicidad.

La cultura son los usos, las tradiciones, los comportamientos.

Con el fútbol como ejemplo se explica muy bien.

 

  • El fútbol es la cultura, lo impregna todo.
  • Las normas de comportamiento, el terreno, los árbitros… son el Estado.
  • Los colores de las camisetas son las diferencias culturales como la lengua, las costumbres. Existen pero se mezclan de manera natural. En las familias, parejas, amigos. Conviven y no necesitan muros para disfrutar del partido.
  • El nacionalismo son los ultras, se sientan juntos, alejados de cualquiera que lleve una camiseta distinta. Critican a los que llevan el otro color y tienen que estar continuamente expresando los símbolos, las consignas, las arengas y los himnos como forma de supervivencia. Todo nacionalismo necesita contarse la historia de pueblo elegido, de imperio, de pueblo de dios. Justificar no hablarle al vecino por algo que supuestamente pasó hace 200 años.

¿Hacen falta ultras para disfrutar del partido?

El derecho de autodeterminación es consecuencia de la creación del Estado-Nación. Hemos tomado ambos conceptos como válidos y legítimos desde el s. XVI pero a la vista del daño que han hecho uno y otro en términos de convivencia, de paz social o de felicidad humana, creo que deberíamos plantearnos seriamente si hoy en día son válidos. Si son las mejores construcciones sociales para las personas que viven en el sXXI o si nuestra imaginación e inteligencia pueden crear una forma más óptima de organización social. Ha habido otras formas de organización antes, el error es pensar que no puede haber otras nuevas después.

El viernes entrevisté a una persona para un estudio sobre identidad. Fue por Skype. Ahora vive en Suiza, su pareja es inglesa y el hijo que ha tenido habla suizo alemán. Así que en casa hablan una mezcolanza de castellano con acento asturiano, alemán, inglés y alemán suizo (por lo visto un dialecto con vocabulario propio). Le pregunté por la cultura y me habló de la comida, de la familia, de la música. Los echa de menos a ratos y para quitarse la morriña se junta de vez en cuando con amigos de su tierra. Pero cuando le pregunté por su nuevo país las cosas estaban claras: regulaciones, democracia participativa, convivencia pacífica, plebiscitos. ¿Volvería a su región de nacimiento? No. Valora mucho su estilo de vida, aunque de vez en cuando eche de menos unas fabes.

Eso me hizo pensar en mi propia historia y en la de muchos de mis amigos y familiares. Moverse libremente por los países buscando mejores condiciones de vida y de trabajo, sin perder cosas significativas de la cultura: la comida, la lengua, las costumbres, pero haciéndolas flexibles a que se mezclen con otras cosas nuevas. La cultura es algo vivo, que se adapta, se mezcla y evoluciona (por eso mismo el concepto de «apropiación cultural» no deja de ser una falacia).

En ese esquema, intentar escoger unos cuantos rasgos culturales comunes y querer aislarlos para justificar un estado o una ordenación territorial resulta absurdo y muy peligroso. ¿Qué pasa con los que no comparten suficientes rasgos culturales? ¿Se quedan fuera? ¿Hay que obligarles a asumir los usos, la comida, la lengua, las banderas y las canciones para dejarlos vivir y tributar dentro de nuestras fronteras?

Pensemos otra vez.

¿Y si organizásemos la vida social en ciudades y no en países? ¿Donde lo común fueran las normas de convivencia y no los rasgos, la religión, o la lengua?

¿Y si nos apasionamos por las culturas, las lenguas, las literaturas, las músicas y las diferencias culturales en las fiestas, en la gastronomía, en las formas de socializar… y dejamos fuera de esa ecuación a quién le pago los impuestos, a quién voto o bajo qué código cumplo las leyes?

¿Es posible?

¿Es posible una República? ¿Un referendum legal? ¿Podemos ser como Suiza? Es posible TODO. Pero decidamos lo que decidamos ser y cómo nos queremos organizar, no se debe quebrar la convivencia, la paz social o el absoluto respeto que nos debemos los unos a los otros como seres humanos.

Diferentes estudios sobre moral y ética hablan de la evolución del niño al adulto como un paso natural entre 3 estadios afectivos diferentes: dependencia, independencia e interdependencia. La dependencia es el estado natural del niño hacia sus padres, la independencia la del joven adulto que se hace responsable de sus propios actos, la interdependencia es la aceptación de nuestra responsabilidad no solo hacia nosotros mismos, sino también hacia otros. Es la aceptación de que somos seres gregarios. Gandhi utilizó el término para explicar muchas de sus interpretaciones políticas.

En ese esquema afectivo el nacionalismo (todos los nacionalismos) serían adolescentes malcriados e infantiles, incapaces de desarrollar la empatía o razonar su postura. ¿Qué tipo de sociedad queremos? ¿Una infantiloide propensa a las rabietas y los portazos o una adulta dispuesta a los acuerdos que aseguren el bienestar de sus miembros?

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Lo seguro sería no expresar mi opinión. Dejarla para el salón y unos pocos amigos que más o menos piensan igual, donde el debate se va a mover entre matices y no entre posturas opuestas. Desde luego sería lo más prudente, pero me pregunto si querríamos una sociedad donde muchos se quedasen callados y sólo unos pocos alzasen la voz para imponer su postura. ¿No es acaso la comunicación lo que nos ha hecho evolucionar como especie? ¿Cómo vamos a ser capaces de imaginar y construir un futuro mejor, si no somos capaces de dialogar?

 

La magia del Feedback: sigue el camino de baldosas amarillas

Se han escrito muchos libros sobre cómo dar feedback (y recibirlo) pero sigue siendo una tarea pendiente a nivel social. A lo largo de mi vida profesional me han dado feedback sobre mi trabajo, algunos constructivos, otros en cambio devastadores. El feedback es una herramienta muy poderosa, puede encumbrarnos, motivarnos a ser mejores, hacer que nos enfoquemos en algo con pasión o puede destrozar sistemáticamente nuestra autoestima y llevarnos a tomar decisiones como cambiar de trabajo o replantearnos nuestra valía personal.

En mi primer panel de doctorado he tenido mucho feedback: 3 personas distintas comentando mi trabajo por turnos delante de mis compañeros. Toda una experiencia pública. Me han hecho preguntas sobre mi marco teórico, la pregunta de investigación, mis problemas éticos en el trabajo de campo… y me han indicado todo el universo de cosas que aún me faltan. Las sensaciones al salir han sido muy interesantes.

  1. Desasosiego: el feedback me ha dejado una cosa clara, tengo que dar un par de pasos atrás. Me falta una pregunta que enfoque el camino a seguir. ¿Qué quería Dorothy? Encontrar al Mago de Oz. ¿Por qué? Para poder volver a casa. En mi caso el tema está claro, pero es demasiado amplio. Me falta una pregunta que ayude a hacerlo más tangible y concreto, eso limitará el campo de investigación y lo hará más abordable. Mis deberes este verano son leer y hacerme preguntas.
  2. Placer: el panel fue sobre todo una discusión intelectual. Estamos habituados a los placeres inmediatos y físicos: la comida, el sexo, el descanso…pero la mayoría de nosotros no es consciente de los momentos en que está disfrutando de un placer intelectual. Un libro, una película, música, un videojuego, resolver un problema o estar en una conversación que supone un reto a nuestra inteligencia. Eso también es placer. Lo que vulgarmente llamamos «que te follen el cerebro» es un proceso en el que tus neuronas empiezan a crear nuevas sinapsis, conectándose de maneras nuevas y encontrando caminos por recorrer dentro de tu materia gris. Mientras te enfrentas a retos tu cerebro está creando un Narnia, una Tierra Media, un País de Nunca Jamás y todo un mundo de baldosas amarillas. El placer intelectual crea adicción, nos vuelve yonkis y se hace más fuerte con el tiempo.
  3. Agradecimiento: Decía más arriba que el feedback mal dado puede ser devastador; pues el bueno despeja la niebla y descubre nuevos caminos. Pocas veces se tiene a tres profesionales con experiencia dando indicaciones de cómo seguir el camino y a compañeros que contribuyen orientando también desde los pasos que ellos mismos han dado. Un espantapájaros, un león, un hombre de hojalata, la buena bruja del norte…compañeros de viaje que nos acompañan una parte del camino para hacerlo más fácil. Al viaje sólo podemos darle sentido nosotros mismos, pero es bueno saber que no se camina solo.

El primer feedback de la universidad ha sido todo eso. Sé por compañeros que no siempre es así de positivo, así que razón de más para sentirse afortunada. Me gustaría pensar que es posible trasladar este ambiente de aprendizaje continuo al mundo profesional sin problemas, pero el contexto es distinto. La necesidad de resultados limita mucho los tiempos y el número de veces que está permitido equivocarse. Aún así estoy convencida de que todos debemos entrenarnos en los procesos de feedback, aprender a recibirlos nos ayuda a crecer, aprender a darlos señala nuevos caminos de baldosas amarillas.

Aprendizaje.

¿Qué es un panel de doctorado? – UAB

El primer año de doctorado ha sido una pasada, así en líneas generales. Y eso a pesar de que la mayor parte del tiempo me he sentido perdida entre la burocracia, y sin una idea clara de qué es lo que estoy haciendo y de cómo va a cristalizar todo esto en una tesis. Sin embargo lo valoro positivamente, estoy disfrutando mucho del aprendizaje y de la experiencia. Sentirse perdido el primer año es lo normal.

El jueves pasado me enfrenté a mi primer panel. No tenía muy claro qué era ni para qué servía exactamente, así que ahora que ya he vivido uno me gustaría contar lo que he aprendido. Espero ayude a reducir las incertidumbres de otros doctorandos.

¿Qué es un panel?

Un panel no es más que una puesta en común de cómo va el proyecto de tesis. Se trata de contar el trabajo que se ha hecho hasta ese momento: bien sea por artículos o tesis tradicional y supone responder a preguntas ante un tribunal que previamente se habrá leído lo que hayamos escrito.

¿Cómo es el protocolo?

1. Envío de proyecto o escritos al director de tesis.

Para preparar el panel tenemos que recopilar lo avanzado de la investigación y redactarlo. Serán nuestros artículos o bien los primeros capítulos de la tesis. Nuestro director nos dará un primer feedback y hará un informe de seguimiento.

2. Subir documento al campus online.

Una vez que hayamos recibido el primer feedback de nuestro director de tesis, deberemos subir la documentación para que la lea el comité del programa de doctorado. En el caso de la UAB (Universidad Autónoma de Barcelona) el informe del director y nuestros capítulos o artículos, se suben al Moodle online. Un campus virtual. Supongo que esto dependerá de cada escuela pero las universidades públicas españolas siguen más o menos el mismo procedimiento.

3. Adjudicación de tribunal y fecha del panel

El comité del programa de doctorado adjudica un tribunal y una fecha para el panel. El Tribunal puede estar compuesto por profesores de la misma facultad o bien de estudios similares. En mi caso había profesores de sociología, a pesar de que mi programa de doctorado pertenece a la facultad de Psicología Social.

El tribunal se leerá lo que hemos avanzado y mandará unas preguntas sobre el mismo días antes del Panel. Suelen ser preguntas constructivas que ayudan a reconducir el proyecto, bien en el marco teórico o bien en la parte empírica.

4. Preparación de las respuestas.

Una vez que hemos recibido las anotaciones, preguntas y comentarios a nuestro trabajo, debemos preparar una exposición oral que sea capaz de responderlas. En mi caso las preguntas estaban relacionadas con el marco teórico, que aún no está del todo construido, recomendaciones sobre el análisis de género y comentarios sobre mi pregunta de investigación.

5. Panel

El día del panel lo normal es ir un poco nervioso. Siempre queda la sensación de no haber avanzado lo suficiente. Para reducir el estrés recomiendo estructurar la intervención oral en tres partes:

  • Introducción: aquí expondremos en qué año de doctorado estamos, si es a tiempo parcial o completo, cuál es nuestra pregunta de investigación y cómo la estamos abordando.
  • Respuesta a las preguntas del tribunal: Debemos responder una por una las preguntas que nos llegaron a cada uno de los miembros del tribunal que nos la haya hecho. Aquí lo importante es la humildad y la honestidad. Si hay algo que no hemos abordado es mejor dejarlo claro y no marear la perdiz, esto permitirá que luego nos orienten cuando llegue su feedback final.
  • Próximos pasos: para finalizar es importante explicar qué vamos a hacer en los meses siguientes dentro de la planificación del proyecto de tesis.

6. Feedback final del tribunal

Tras nuestra intervención el tribunal suele hacer recomendaciones finales, comentarios o sugerencias. Esta parte es muy valiosa, vale la pena tomar notas.

Tribunal: ¿Cómo posicionarnos ante la voz de la experiencia?

Un doctorado es una cosa muy personal. Es una investigación “juan palomo”. El doctorando decide qué quiere investigar, cómo y por qué. Nadie más puede responder esas preguntas que el doctorando. Sin embargo, no hay que olvidar que es un proceso de aprendizaje. Es importante que tengamos en cuenta los comentarios y sugerencias del tribunal, pero que incorporemos a nuestro proyecto sólo las que nos parezcan pertinentes.

En mi caso podría decir que me han “dado cera” cosa que agradezco inmensamente. Siendo el primer año y a tiempo parcial, aún estoy a tiempo de reconsiderar muchos aspectos del proyecto. Sus comentarios fueron muy constructivos y de gran ayuda.

Las sensaciones al salir fueron muy interesantes. Tanto, que vale la pena contarlas en otro post: Feedback, sigue el camino de baldosas amarillas.