The Circle, la distopía necesaria

Me gustaría aprovechar este espacio que es en parte mío (y en parte de SiteGround, Google y WordPress) pare recomendar a los que me leáis que veáis una película: The Circle.

Durante 2020 la cultura ha dado bocanadas para evitar ahogarse y sobrevivir en medio de la pandemia. Mientras artistas de todas las disciplinas se reinventaban online se ha cuestionado para qué sirven el arte, la música, el cine o la literatura más allá del mero entretenimiento. Pues bien, la cultura sirve para esto: para reflexionar sobre nuestra propia humanidad, sobre lo que es moral y lo que no, y cuestionar nuestras propias creaciones desde un punto de vista ético (entre otras cosas).

Reflexionar es lo que nos hace avanzar verdaderamente como sociedad. No basta con ser más ricos, tener más comodidades o vivir más años, todo eso resulta irrelevante si detrás no hay un proceso de pensamiento que nos guíe y nos ayude a decidir qué tipo de sociedad queremos ser y qué es verdaderamente importante para las personas que viven estos tiempos.

¿Y qué tiene que ver esto con la película? Mucho, estoy llegando a eso…

Hay tres principios sobre los que estamos construyendo ahora mismo el debate social: la privacidad de los datos, la salud y la preocupación medioambiental. Son imperativos de nuestra sociedad actual, como antes lo fueron la libertad, el honor o el linaje. Es decir que son los valores vigentes, como dirían Ortega y Gasset y Julián Marías.

La película se centra en dos de esos tres principios: la privacidad y la salud; y los lleva al extremo haciendo que nos revolvamos en el sofá y que nos preguntemos hasta dónde seríamos capaces de llegar. Es una película incómoda, una distopía necesaria. Hace guiños a 1984, a La Red e incluso al Show de Truman. Cuenta la historia de forma sencilla, al más puro estilo de Hollywood, pero enredándonos poco a poco, como si se tratase de una araña, en una reflexión personal molesta: «¿podemos llegar a eso?», «¿cuánto más de mi vida estaría dispuesta a compartir y a cambio de qué?»

Las distopías han proliferado durante nuestro tiempo de vida: Black Mirror, Years and Years, Matrix, Gattaca, Mad Max (ya hemos llegado a 2021)… una larga lista si la comparamos con las que fueron publicadas antes de los años 50′: Farenheit 451, 1984, Un mundo feliz… Cabe preguntarse por qué ahora hay más historias distópicas. Puede que sea porque en general se publican más libros y se hacen muchas más películas, o puede que estemos en un periodo de la historia donde los cambios se han acelerado vertiginosamente y la creación de historias distópicas es la respuesta humana a la enormidad de toda esa incertidumbre.

Hay una disciplina llamada Future Studies que utiliza la ciencia ficción para plantear cómo anticipar riesgos sociales, climáticos, políticos… y analizar qué debemos hacer hoy para evitarlos. Entre otras cosas se analizan películas de ciencia ficción, se replantean las organizaciones desde una perspectiva futuriza o se utiliza la imaginación como una herramienta propia de las ciencias sociales. Es decir, se parte de escenarios imaginarios posibles y se toman acciones reales para prevenirlos, evitarlos o estudiarlos.

Os propongo un ejercicio de reflexión:

Ved la película. Disfrutadla, y luego valorad cuánto valen vuestras redes sociales, vuestra vida privada (y la de la gente que os rodea) y en qué consiste el concepto de democracia en el s.XXI.

En 2018 hice un experimento muy interesante a nivel personal, me quité las redes sociales durante 6 meses. La reflexión final es de lejos, el post más leído de este blog. Sin embargo, cuando acabó el experimento volví a ellas, con la salvedad de Facebook que fue eliminado. Aumenté las restricciones de privacidad, eliminé seguidores e incluso fotografías, pero mi cuenta de Instagram sigue ahí y en Twitter sigo siendo usuaria activa ¿Por qué cuento esto? Porque no he sido capaz de cortar por lo sano con las empresas de Jack Dorsey o Mark Zukerberg, a pesar de que reflexiono sobre ello con frecuencia; sobre cuánto quiero que se sepa de mí en internet, cuánto valoro mi privacidad personal o cuál debería ser el papel de los gobiernos a la hora de regular este tipo de empresas.

Por eso creo que The Circle es una distopía necesaria. No estoy segura de si salirse de las redes sociales hoy es algo deseable. El confinamiento ha sido muy duro a todos los niveles, incluido el psicológico, y quizá habría sido aún más terrible sin ese espacio de socialización digital. Sin embargo, sí que necesitamos reflexionar sobre qué riesgos estamos dispuestos a asumir o qué decisiones debemos tomar para lograr ser una sociedad mejor. The Circle nos ayuda a pensar en qué límites queremos imponer a las empresas que están detrás de las redes sociales y qué papel debemos jugar como ciudadanos y como votantes para proteger uno de nuestros valores vigentes: nuestra vida privada.

Bonus: La película también tiene un guiño a una de las películas de ciencia ficción que más me han gustado y que menos se han reconocido en taquilla: Días extraños. Otro peliculón.

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