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Reflexiones

Se buscan abuelas de alquiler

El viernes 31 de enero me sorprendía el whatsapp a las 6:50 con la foto de un test de embarazo que ponía «embarazada» 2-3 semanas. La imagen me la mandaba una amiga, casi se podía sentir la alegría, la felicidad y el vértigo vía internet. Yo era la segunda persona que se enteraba de todos los amigos (ventajas de ser un gallito madrugador).

En el grupo nos hemos puesto muy contentos. Ninguno va a cumplir ya los 35 y las posibilidades de que alguno sea papá o mamá en el corto plazo son muy remotas. Así que vamos a compartir un sobrino o sobrina que va a ser la cosa más mimada del barrio.

Desde la noticia, todos le hemos estado dando vueltas a lo que cuesta criar una persona. No sólo en términos económicos, sino en energía, tiempo, dedicación… un trabajo que no está pagado y que como sociedad nos hace falta. SI, nos hace falta. Nuestro sistema social se sustenta sobre un reemplazo de ciudadanos permanente, pero dejando de lado el problema de las pensiones (que es como el elefante en la habitación que ningún partido quiero abordar) hay más problemas asociados.

Quizá el más simbólico sea la desaparición lenta de todas las familias donde no hay niños. Hacerse mayor con muchas navidades y cumpleaños en los que solo habrá adultos, cada vez más viejos, hasta que vayamos muriendo uno a uno. No tener hijos es una elección muy lícita, pero vamos a tener que adaptarnos a un presente con menos jóvenes y a un futuro anciano. ¿Estamos emocionalmente preparados para eso?

¿Cómo se entiende el legado cuando no hay nadie para recibirlo?

El sábado sentados en una terraza de Barcelona mientras se ponía el sol, comentamos Hijos de los Hombres. Esa historia distópica de Alfonso Cuarón con Clive Owen de protagonista. Pinta un futuro posible en que han dejado de nacer niños. El último en nacer ha superado los 20 años y carga con el peso de saber que probablemente será el último ser humano en morir. Las personas han dejado de pensar en el futuro, de intentar mejorar el presente o tomar decisiones a largo plazo. Resultan irrelevantes cuando nadie vivirá más de 80 años. ¿Cómo es un mundo en el que no existe infancia? Sin niños redescubriendo el mundo y en parte reinventándolo desde su propia óptica.

Hijos de los hombres (2006).

Menos niños

Lo curioso es que tenemos menos hijos por razones económicas, laborales o por no tener pareja (aunque esto último no ha sido un obstáculo para mi amiga). Y según las encuestas las españolas querrían tener más hijos. En algunos casos hasta 3.

Publicación INE. 2018

Pero por muchas ganas que tengan las españolas, la realidad es que cada vez nacen menos niños en España.

Una tasa de fertilidad inferior al 2,1 supone una paulatina reducción de la población, pues no repondría nada más que a uno de los progenitores.

Hasta ahora se han intentado varias cosas desde el Gobierno de turno, ayudas económicas, la reducción de jornada para madres… pero seguimos teniendo mucha precariedad laboral y una tasa de desempleo de las más altas de europa.

Tasa de desempleo en España enero 2020: 13,7% Expansión.com

Además del panorama económico, tenemos una mentalidad que entiende el cuidado como una obligación individual. Pocas veces como una responsabilidad comunitaria.

Más ancianos y más ancianos solos

Paralelamente hay más personas mayores, muchas sin hijos o nietos en casa. A veces viviendo solas y sintiéndose aisladas. Una tendencia que va a ir creciendo con los años.

Datos del INE. 2019

Y aquí la idea loca…

Imaginemos a todas esas mujeres solteras que han decido ser mamás, a las parejas de papás recién estrenados que viven lejos de sus familias, a los papás divorciados con custodia compartida que no llegan a todo…y juntémoslos con esos abueletes aburridos de la novela, de la petanca y del centro del día.

¿Se puede montar un centro de día/Guardería donde los unos cuiden de los otros?

Por defecto pensamos que todos los problemas debe solucionarlos el Estado o bien la providencia. Muy propio de países con pasado socialista y herencia católica. Pero ¿qué pasa con la comunidad? ¿No podemos organizarnos mejor?

Venía andando a casa hace un rato. Con un vino en una mano y pan del rico en la otra. Pensando en ese centro de día donde los papás pueden contar con unas horas más de apoyo a la guardería o al colegio. Donde los abuelos y abuelas putativos ayudan a hacer los deberes, pintar, dan la merienda o cambian pañales. Quizá por una cantidad simbólica de dinero que ayude a complementar la pensión y que no fuera muy gravoso de pagar por los padres o bien por el herario público.

No solucionaría la mayor parte de los problemas, pero quizá mejoraría uno muy importante. El de niños, mamás, papás y mayores que se sienten solos. Quizá solo necesitemos crear los mecanismos para que cuidar mutuamente los unos de los otros, sea más fácil.

Y cuando los niños y los mayores son responsabilidad de todos, la cosa cambia. El futuro y el pasado tienen cara, nombre y apellidos. Y el legado existe, aunque se llame Omar, venga de un país lejano y sus papás no hablen español. La señora Antonia le limpiará los mocos, le enseñará a cantar los 5 lobitos, le dará la merienda y le contará cosas de cuando ella era pequeña.

Quizá.

Yo soy de una familia en la que los lazos no se establecen por la sanguinidad, sino por la cercanía. Así que mi idea loca me parece de lo más plausible.

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