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Reflexiones

Casilda

Era de armas tomar.

A veces se sentaba en la cocina, mientras pelaba patatas cocidas, cortaba pimientos o doraba cebolla; todo con su mano buena, la otra los nacionales se la metieron en un horno y la pillaron con la puerta. Por dar pan a los niños de los rojos.

Se sentaba y se quedaba pensando en negocios. En montar esto y lo otro, una juguetería la calle Vinateros, una rifa en el barrio y más cosas. Siempre con el delantal, andando despacio de una lado a otro.

Su cocina era pequeñita pero dio de comer a 3 hijos y 5 nietos. En verano gazpacho, ensalada campera, filete empanado. En invierno lentejas, estofado y cocido.

Cuando alguien se le olvidaba algo llamaban al telefonillo y ella tiraba lo que fuera metido en una bolsa de tela atada con un cordel. Así desenrolladito que tiraba por la ventana y luego recogía poco a poco.

Le gustaba disfrazarse en nochevieja y contar chistes verdes. Los albumes familiares están llenos: de ella en traje de señor con bastón, como si fuera a un funeral. Vestida de tenis y con peluca rubia, con bigote y caftán árabe, con zurrón y salchichón colgado en la cadera… Le gustaba mandar y tenía carácter, pero lo que más le gustaba era reírse.

En todas las fotos sale con una sonrisa enorme, como de saber el secreto de disfrutar de la vida. Y eso que la tuvo bien jodida. Infancia pobre, juventud en medio de la guerra, postguerra con marido preso y 3 hijos. Edad madura sacando adelante a 5 nietos. Y aún así, sale sonriendo grande, disfrazada, haciendo el ganso, poniendo posturas en la playa, de vacaciones con su marido en cualquier destino que llegase el 600. Aún hoy su sonrisa tiene algo entrañable.

Casilda era mi bisabuela.

No sé por qué escribo de ella hoy. Esto iba a ser un post sobre los prejuicios que tenemos en España para hacer negocios. Pero a la mitad me he acordado de esa mirada pelando cebollas, medio perdida. Que es la misma que tiene mi madre cuando está pensando en sus cosas y en montar empresas. Se parecen mucho, mujeres duras, de salir adelante.

Hoy despidiéndome de un colega, comentábamos lo importante que es hacer las paces con lo que llevamos dentro y es herencia de nuestros padres. Te tiras 40 años intentado encontrar en ti lo que no es de ellos, y otros 40 aceptando lo que has heredado.

Cuando llegas al punto en el que abrazas todo eso, lo bueno, lo malo y lo regular en lo que sabes que te pareces a ellos, sientes mucha liberación. Dejas de luchar contra ti mismo y te centras en lo que hay. Empiezas a pensar menos en el ser y más en el hacer. En montar empresas, salir adelante, hacer un gazpacho, disfrazarse y sobre todo sonreír, pero hacerlo grande.

Bisa, me ha gustado pensar en ti.

2 respuestas a «Casilda»

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