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Investigación social

Identidad digital sólida

En el año 1999 anticipando el cambio de siglo, Bauman publicó uno de los ensayos que más ha marcado el pensamiento de los últimos veinte años: Modernidad Líquida. En el texto el sociólogo polaco compartía con el mundo una visión muy particular de lo que nos estaba pasando como sociedad: la creciente exigencia de flexibilidad en el trabajo, en las relaciones, en la economía…las estructuras firmes y sólidas que habían marcado el pasado: el Estado, la familia, se disolvían y perdían fuerza frente al creciente individualismo.

En ese momento Internet era la mejor metáfora de esa modernidad líquida, una entidad sin forma definida, adaptable, maleable. Un espacio ambiguo: el virtual, donde todo era posible y donde podíamos ser quienes quisiéramos ser. Podíamos inventarnos a nosotros mismos en los chats de IRC, o en Second Life, podíamos ser múltiples como si se tratase del Lobo de Deleuze y Guattari e inventarnos identidades que expresasen todo lo que no podemos ser fuera de la pantalla. Que produjésemos la imagen de nosotros que nos gustaría tener: hombres, mujeres, monstruos, viejos, adolescentes… Desprendernos de las limitaciones que el cuerpo nos impone y vivir una vida alternativa. Tener como decía Turkle, un «yo misma» secundario. De quita y pon.

«soy una caja registradora» «soy un disfraz de tigre»

Hidrogenesse: Disfraz de tigre.

Sin embargo los últimos 20 años han evolucionado en una dirección completamente distinta. Mucho más cercana a la sociedad del control y la vigilancia que describía Foucault en Vigilar y Castigar. ¿Qué ha pasado? Para empezar aparecieron las redes sociales, y con ellas los trolls: personas que empleaban identidades falsas para difamar, insultar, incitar al terrorismo… La sociedad (nosotros) hemos exigido a las plataformas que se vuelvan más transparentes, que persigan las fake news y que revelen la identidad de los que se esconden tras un avatar. Las plataformas lo han hecho encantadas y, mediante soluciones técnicas, han ido eliminando el anonimato de la red y en parte, la libertad líquida de inventarnos a nosotros mismos.

El anonimato está desapareciendo.

Los sistemas de privacidad, diseñados y programados con mecanismos de doble verificación, hacen posible que cualquier hacker o algoritmo nos encuentre en todas las plataformas posibles con nuestro número de teléfono y un email. Se supone que la doble verificación tiene como objetivo que nadie suplante nuestra identidad en la red (phishing). Sin embargo, la realidad es que estamos identificados y nuestra información personal más interconectada y disponible: dónde vivimos, trabajamos, lo que compramos, la comida que pedimos y pagamos, los pasos que andamos, nuestro peso, la música que oímos, con quién estamos, etc

Sistema de doble verificación de Google.

Nuestra ignorancia es total. Sabemos que Google sabe mucho de nosotros, igual que Facebook, Instagram, nuestro banco, nuestro trabajo… lo que no acertamos a saber es cuánto y cómo de conectadas están en realidad esas plataformas entre sí. Hasta qué punto se comparte información sobre nosotros y para qué se utiliza exactamente. Como un trenecito de conexiones donde cada vagón es un pequeño pedazo de información de nosotros. Cuando las partes se ponen juntas dejan en evidencia todo lo que hacemos y somos.

El gran engaño de la Marca Personal.

Las universidades van siempre un poco rezagadas en relación al resto del mundo. Son instituciones burocratizadas, lentas y reticentes a los cambios, quizá es un mecanismo propio para asegurar que antes de incorporar algo nuevo, ha sido verificado en el resto de la sociedad.

2019. Nos contaba mi tutor del doctorado que la Universidad ha incorporado este año por primera vez, cursos de marca personal para los alumnos. Producir una identidad única y original que nos ayude a destacar por encima de la media y para que encontrar trabajo, sea un poco más fácil.

En 2009 ya se hablaba de marca personal en marketing online: un blog, una cuenta de Twitter, Facebook, Linkedin… Expresa quién eres de forma sólida, coherente, que no haya incongruencias entre lo que haces y lo que dices que haces, lo que publicas y cómo actúas. Utiliza el mismo nickname en todas las redes, que Google no tenga problemas en rastrear tu identidad por la red. Así cuando alguien ponga tu nombre en el buscador, tú y nadie más que tú, aparecerá en los primeros resultados. A esto le siguió la fiebre por los followers, las visitas, las conexiones. Como si de una página web se tratase, cuanto más conectado estás, más relevante entiende Google que eres. Eres un hub, un nódulo conectado de forma múltiple. Eres un influencer…

Mentira descomunal. La influencia está más relacionada con la capacidad de persuasión que con el número de «amigos en Facebook» o los «seguidores en Instagram». Sin embargo, la realidad 10 años después es que esa construcción de una Identidad Digital Sólida se ha vuelto una norma más que una excepción y que incluso la universidad, anima a sus alumnos a definirse como una marca.

¿A quién beneficia todo esto? A los algoritmos, a las grandes corporaciones, al Estado. ¿Acaso la desaparición del anonimato no es ya una forma de control político y social? China y otros países están añadiendo el rostro y las huellas digitales al control de la identidad. EEUU controla la actividad y localización de millones de ciudadanos mediante el móvil. Google, Facebook, Apple, Amazon no valoran lo que haces, sólo quieren que compres y consumas más.

Sólo la periferia del sistema se libra de ese control de identificación, la deep web. El resto del mundo exige que tengas identidad en la red, que estés conectado de forma múltiple y que seas coherente.

Libertad personal, la gran perdedora.

¿Hemos renunciado a la libertad del anonimato y la capacidad de crearnos en la red, por la comodidad de tener todo conectado? ¿Qué estamos perdiendo sin ser del todo conscientes? Y de resistirnos, ¿podríamos escapar de verdad a la Red? ¿Podríamos engañarla como hizo Sandra Bullok en la película de 1995?

Tras la reflexión, es necesario replantearse si la visión de Bauman sigue siendo vigente. Las estructuras tradicionales no han desaparecido del todo, sólo han sido sustituidas por otras más grandes y multinacionales. Más firmes de lo que parece. Quizá estas estructuras no tengan un centro visible, alguien a quien culpar o hacer responsable, pero lo que es seguro es que el control de individuo sigue estando ahí. Quizá más sólido que nunca.

Lecturas interesantes:

  • El algoritmo del amor. Duportail.
  • Alquimia: Cómo los datos se están transformando en oro. López Zafra y Queralt.
  • Mil mesetas. Guattari y Deleuze.
  • Modernidad Líquida. Bauman.
  • Vigilar y castigar. Foucault.
  • Second Self. Turkle

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