Categorías
Reflexiones

Principiante de meditación

Meditar es una cosa que lleva años rondándome, diría que desde el instituto. La culpa la tuvo una película: El Pequeño Buda de Bertolucci, una preciosidad. No tenía ni idea de qué iba lo de meditar, pero recordaba a Keanu Reeves haciendo de Siddhartha bajo un árbol mientras llovía, nevaba, hacía sol e incluso cuando se acercó una serpiente. Una escena llena de paz. No es que yo quisiera helarme a la intemperie en la postura del Loto, pero había algo ahí que merecía ser investigado.

Desde entonces la he explorado varias veces a lo largo de los años, pero sin objetivo, sin método y sin involucrarme realmente. Nunca he ido por ejemplo a un centro de meditación. Mi padre y mi madrastra lo habían probado antes que yo y no guardaban buen recuerdo, les parecía que estaba demasiado vinculado a preceptos religiosos, así que nunca fui a «hacer meditación».

Me leí muchos blogs y un par de libros, pero me inicié a través del yoga que hacía en el centro cultural del barrio. No era nada sofisticado, cuando acababas los asanas la monitora te guiaba por ejercicios de respiración. Estaba bien, aunque reconozco que varias veces me quedé dormida. En casa probé por mi cuenta algunas técnicas, como la de visualizar tu cuerpo desde los pies a la cabeza recorrido por el sol. Una luz y un calor que te iluminan desde dentro. Probé a contar hacia atrás, centrarme en la respiración… nunca llegué a engancharme ni a convertirlo en práctica.

Pero en los últimos 6 meses me he metido un poco más en ello y llevo 47 sesiones contadas y muchas más que no he contado y que son como micromomentos de volver a respirar y poner foco en el presente. Estos últimos han sido en AVEs, paradas de autobús, reuniones, andar por la calle, en la cola del supermercado, regando las plantas, fregando los cacharros… Todo de lo más prosaico. Las otras 47 han sido cosa más seria, con la espalda recta, sin ruidos, en casa y a veces con la sesión agendada en el calendario para asegurarme de que podía crear hábito. No estoy muy segura de cuáles son los siguientes pasos, pero después de tantos años intentándolo sin éxito, estos 6 meses me parecen una suerte de conquista personal.

He analizado y escrito mucho sobre el tema en mis cuadernos. Cómo me sentía antes, durante y después de una sesión, en qué me ayudaba, en qué no y qué competencias empiezo a ver que me puede ayudar a desarrollar. Lo publico por aquí a modo de reflexión porque creo que es algo bueno, cuidarse en un sentido amplio:

  • Foco: Meditar te entrena para aislar la atención, compartimentarla. Te centras ahora en la inspiración, después en sentir la ropa sobre el dedo del pie, luego en los olores de la habitación… Cosas pequeñas para entrenar la mente en no dispersarse, en centrarse sólo en una cosa por vez. Es una cuestión de músculo y de ejercicios. Después de unos meses se nota bastante. Se me da fatal el multitasking y cuando lo intento sólo llego a tareas mecánicas o sencillas. Las importantes, como leer los libros del doctorado (especialmente los de filosofía) requieren toda la atención para procesarlos poco a poco. Tener foco permite eso. También poner toda la atención en escuchar a alguien, en entender las emociones que hay detrás y cómo podemos ayudarle. Tener Foco es esencial para todas las tareas que significan: desde las más físicas como hacer el amor hasta las más intelectuales, como abstraer la idea de Dios, Estado o Identidad.
  • Calma: La mayor parte de la gente empieza a meditar para relajarse, yo en parte también, pero la necesidad de foco era lo que valoré más inicialmente. Aún así me ha sorprendido el poder que tienen unas cuantas respiraciones bien hechas después de una situación compleja. Hay una visualización que se basa en un vaso lleno de agua. Si lo tenemos en la mano es posible que la superficie se llene de pequeñas hondas por todo lo que le afecta; nuestro equilibrio, la vibración de nuestra voz si estamos hablando, etc; pero si dejamos el vaso encima de una mesa, la superficie volverá a la calma. Nuestra mente es igual, de manera natural vuelve a la calma si se lo permitimos. Esa visualización me encantó, hay muchas posibles, pero esa es la que más utilizo cuando estoy un poco agobiada.
  • Bondad: Esta es de las cosas que menos me esperaba y más me ha sorprendido. Meditar ayuda a examinar los pensamientos propios con cierta distancia y desapego. Esa forma de mirar permite ver el castigo constante al que nos sometemos: «soy un bocazas, no debería haber dicho eso», «Tenía que haber demostrado más seguridad en la reunión», «en realidad soy un poco gilipollas», «tengo unas rodillas horribles», «ha salido todo mal»… somos maestros de la flagelación y esto ni ayuda a crecer ni a relacionarnos mejor con los demás. Practicar una mirada bondadosa, desde fuera y sin juzgarnos, es un camino que tiene que andarse todos los días.

Meditar me ha ayudado bastante más de lo que esperaba. Quizá porque tampoco tenía grandes expectativas, pero creo que igual que andar, dormir bien o comer fruta con frecuencia, es otra cosa buena a incorporar en las rutinas. Me leéis 4 gatos y todos sois amigos, que probéis esto es algo que quiero para vosotros.

Seguro que hay muchas cosas que funcionan para empezar: clases, libros, videos, etc. A mí lo que me ha ido bien es Petit Bambou (una app). Probad las sesiones que vienen gratis y si os dan más ganas de explorar, probad a pagar una suscripción por unos meses. Si sigue sin valeros, probad otra cosa. Si me ha hecho escribir un post con más 1.000 palabras y tomar notas en varios cuadernos, es porque vale la pena.

Petit Bambou aprender a meditar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *