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Reflexiones

Los catalanes son de círculos cerrados

Mañana hago 4 años viviendo en Barcelona. La ciudad y yo hemos tenido nuestros más y nuestros menos, pero en conjunto puedo decir que me gusta mucho vivir aquí. Me gusta llegar a cualquier sitio en media hora andando, tener el mar cerca aunque no lo vea todos los días, pasear por las avenidas llenas de fachadas bonitas, la cultura de barrio, que amanezca media hora antes que en Madrid y que el pan venga a la mesa siempre untado en tomate.

Hace un año estuve a punto de irme, sentía que aquí solo me retenían los amigos y poco más. Pero los abrazos de un catalán han hecho que me quede y le dé otra oportunidad a Barcelona. Porque a pesar de que esta ciudad me encanta, hay un rasgo muy de aquí al que aún hoy me sigue costando mucho adaptarme: sus círculos cerrados.

Siempre que alguien me pregunta si noto mucho la diferencia entre Madrid y Barcelona tengo que meditar si mi interlocutor quiere una respuesta sincera, o sólo espera un educado «para nada, se está muy bien aquí». Y es verdad que se vive bien, el clima es más templado, la ciudad es más tranquila que el bullicio de Madrid y la gente es tan maja como en todos los sitios que he estado, pero que sea maja no significa que entres en su círculo o que te lleguen a invitar a su casa.

Hace poco comí con una francesa que lleva 17 años viviendo aquí. Me decía que ella lo notaba en la frontera invisible que hay en las puertas de las casas catalanas. Me contó que cada vez que su hijo tiene un cumpleaños los papás del cumpleañero amiguito suyo le dicen a qué hora pueden dejar al niño y a qué hora exacta pueden recogerlo, pero que nunca se invita a los padres a entrar. A ella le parece extraño, lo normal es que los cumpleaños en Francia sean una mezcla de padres e hijos en el mismo piso, yo le dije que por lo que recordaba, en Madrid también es así. Pero aquí no. Me contó además que hace poco se murió un vecino de su edificio. Bajó a darle el pésame a la viuda. Estuvo 25 minutos hablando con ella en la puerta porque la mujer no la invitó a entrar. Lleva más 10 años siendo vecina suya.

Son las pequeñas cosas como esa las que te hacen sentir que eres bienvenido pero que no estás dentro.

Los cumpleaños. Mi primer cumpleaños aquí había más de 30 personas apretujadas en el balcón, con una cerveza en una mano y una medianoche de nocilla en la otra. Me pareció lo normal mezclar a la gente, presentarlos entre ellos y asegurar que no faltaba de nada para que la gente se soltara y encontrara temas comunes de los que hablar. A mí en cambio me han dicho varias veces aquí que lo sentían, pero que no me podían invitar al suyo porque aquí no se mezclan los círculos. En los cumpleaños y en general el resto de eventos, no se mezcla a gente del trabajo con la de la universidad, la clase de pilates o los compañeros del colegio. La vida social está muy compartimentada.

Al estar los grupos tan separados los unos de los otros, requiere mucha organización para poder gestionarlos. Si quieres quedar con alguien olvídate de poder tomar una caña antes de dos semanas. Se asegurará de tener un hueco libre en la agenda sólo para hablar contigo y nadie más, o como mucho con personas que estén en el mismo círculo social que compartís. La espontaneidad está mucho más contenida que en Madrid. Yo he tenido suerte de tener a mi alrededor mallorquines, asturianos, catalanes que han vivido fuera (y con una visión diferente de las relaciones) y gente de otros países. Así he podido hacer mucho algo que me encanta: llamar al telefonillo y decir «bajas y nos vamos al bar?». Pero en general la ciudad y su vida social se mueve a golpe de agenda y planificación.

La gente acaba quedando siempre con un círculo cerrado de colegas que, de tanto verse, tienen una relación estrecha y son casi como la familia; la colla. Supongo que algo parecido a las cuadrillas vascas. En un grupo de este tipo sólo puedes entrar por dos vías: o porque eres miembro fundador del grupo desde el colegio o porque tu pareja es miembro fundador.

De Madrid vine dispuesta a reventar los estereotipos como el huracán que suelo ser ante las cosas nuevas, pero más temprano que tarde me encontré con la realidad de bruces. Tenía la sensación de que me estaban mandando un mensaje tácito:

«nos caes bien, pero sigues siendo una desconocida y vamos a necesitar mucho más tiempo para empezar a verte como uno de los nuestros. PD: agradecemos el esfuerzo.»

Más o menos fue entonces cuando me entró el desencanto y dejé de esforzarme. De esforzarme en encajar, en aprender catalán y en moderar el huracán impulsivo que llevo a cuestas con la personalidad. Me habría marchado, el trabajo lo tengo en Madrid y en esta época el Retiro está precioso, pero no lo hice. Sigo aquí, aunque de una forma distinta. Quizá más conectada a la ciudad por la red de relaciones que significa tener pareja, o quizá por sumar 4 años viviendo en el mismo sitio. Sigo viendo la televisión en catalán, pero ahora sólo lo hablo con mi novio cuando me he tomado un vino y andamos por la calle. Él siempre dice que tengo buen acento y yo siempre le contesto «ho sé però tinc molta vergonya».

Echo de menos poder hablar con gente desconocida en los bares, en el metro, en la calle. Aquí no se puede. Si la gente es de círculo cerrado es porque las piezas (los individuos) están hechos así. Es cultural. Entiendo que piensen que los madrileños somos unos viva la virgen. A mí me sigue pareciendo maravilloso ir a una bodega de Moratalaz o de Estrecho empezar hablando del tiempo y acabar escuchando una historia buenísima sobre una cabra en el pueblo. Aquí sólo puedo hacerlo con los taxistas, quizá porque ninguno es de aquí. Legión de inmigrantes.

Conste que no se puede generalizar y no todo el mundo es igual, ni aquí, ni en Madrid, ni en ninguna otra parte del planeta, pero hay ciertos usos y costumbres que prevalecen. Asumo esos círculos cerrados como parte de mi vida aquí, aunque estoy muy lejos de entenderlos como míos.

La sardana es el baile típico, un gran círculo cerrado, como los castellers. Esas obras humanas efímeras que recuerdan la importancia y el poder de la comunidad. Y también lo que está dentro y lo que queda (por el momento) fuera.

6 respuestas a «Los catalanes son de círculos cerrados»

Yo me fuí.
Estuve viviendo un tiempo en Barcelona y nunca me he sentido más extranjero (y teniendo en cuenta que he vivido 11 años fuera de España es algo al menos chocante).
Es cierto que me pilló la época más intensa del procés y el ambiente estaba extremadamente enrarecido. Pero hay cosas que después de tantos años viviendo rodeado de gente de todas partes del planeta me fueron inasumibles.
¿Ciudad abierta y cosmopolita?
Pues depende, cuando te rodeas de gente de fuera sí, pero con personas que sistemáticamente ponen el acento en lo que te diferencia de ellos es más complicado.
No es más que un ejemplo y no tiene validez estadística ninguna, pero en el coworking en el que estuve trabajando los únicos que nunca me hablaban eran los catalanes de pura cepa.
Cuando el estereotipo se convierte en prejuicio es jodido. Cuando el idioma en lugar de ser una herramienta para comunicarte se convierte en una forma de reafirmar tu identidad es jodido. Cuando no te sientes bienvenido es jodido.
Cada uno cuenta la feria como le va y mi experiencia en Barcelona no fue buena.
Lo digo sin resentimiento, pero si con la pena de no haber podido disfrutar como me hubiera gustado de una ciudad en la que me hacía tanta ilusión vivir.

Excelente artículo Patricia. ¡Enhorabuena!

Gracias Kico, muchas gracias por tu comentario.

Para mí el problema de la cultura es que se ha utilizado como arma política. Si me hubiera ido a vivir a Galicia habría aprendido gallego y euskera si hubiera sido País Vasco. El catalán de hecho me parece precioso, pero reconozco que determinadas posturas más militantes, desgastan.

Coincido contigo, para mí las ciudades cosmopolitas son las que hacen que te sientas de ahí rápidamente, sin condiciones y sin importar de dónde vengas.

En cualquier caso te animo a que le des una segunda oportunidad a la ciudad y a la región. Es una zona rica en matices, en formas de pensamiento y en cultura.

Si vives en el lugar donde has nacido, es muy probable que ya tengas tus circulos de amigos formados de hace años y no tengas hueco para otro amigo más a no ser que haya alguna baja.

Porque cuantos amigos íntimos tenemos ?4 o 5 ? https://www.bbva.com/es/cuantos-amigos-puedes-respuesta-esta-cerebro/

Nuestro tiempo es limitado y yo diria que hasta podría ser un mecanismo de defensa ampliar el número de amigos en ciertas categorías porque causaría reducir el tiempo para el resto de amigos.

No creo que los circulos cerrados sea una exclusiva de la cultura catalana sino más de bien de aquellos grupos arraigados a un mismo sitio, como puede pasar en Euskadi u otras zonas de España. En Madrid me parecío que tiene más migración nacional que Catalunya, en parte por la mala fama que ya viene de mucho antes del procès y solo la gente de fuera de España ajena a todos los esterotipos nacionales son los que más se animan a mudarse a Barcelona.

Mi mensaje destacado sería : Nos caes bien, pero no se ha descadenado esa emoción especial que se descadenó con el resto de amigos que ya tengo y no te puedo promocionar todavía no ser que se desencadene una emoción superior a las anteriores o tenga una vacante en algunos de los grupos.

Estoy de acuerdo en que si has nacido y crecido en un sitio tienes más vínculos en ese sitio, esté aquí o en Filipinas. Pero mi sensación después de haber vivido en Madrid, en varios pueblos y ciudad de Murcia, en Göteborg, Londres y Barcelona; es que Barcelona es sin duda uno de los sitios más difíciles de sobrepasar la barrera e integrarse en un grupo de catalanes.

Integrarse en la ciudad es relativamente fácil si lo haces con gente que es de otros países. Están en las mismas condiciones que tú y están deseando hacer amigos.

Llevo viviendo en Barcelona año y medio y me ha sido imposible adaptarme y mira que lo he intentado, soy extrovertida y me he apuntado a clases y lugares de ocio como cada vez que me mudo de ciudad y siempre he sido integrada perfectamente. Al final hago vida con gente del trabajo.
Suscribo totalmente las palabras de tu artículo, con resignación y con un cierto sabor agridulce porque la ciudad es muy bonita…pero me iré pronto.

Hola Alba, espero que le des tiempo a la ciudad.
Otoño e invierno son un poco más complicados porque se reduce un poco la vida social, pero ya volverá la primavera con Sant Jordi.
Al final es una cuestión de paciencia y de tiempo.

🙂

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