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Investigación social

Días convulsos

Saco el móvil en medio de un concierto, 5 mensajes de whatsapp: mi madre, mi madrastra, mi hermana, mi socio y una amiga con la que hacía tiempo que no hablaba. Preocupados, preguntándome si los disturbios me pillan lejos de donde estoy. Les contesto lo mismo que llevo diciendo toda la semana, que la tele exagera, que en mi barrio la cosa no se nota y que los violentos son 4. Verdades a medias para tranquilizar al personal. Bromeo, les mando una foto del concierto para mostrarles que aquí la vida sigue. Lo que me guardo de decir es que la tensión se nota y que la convivencia no es la de todos los días.

Identidad, nación, cultura.

Identidad: 1. f. Cualidad de idéntico. 2. f. Conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás. 3. f. Conciencia que una persona tiene de ser ella misma y distinta a las demás. 4. f. Hecho de ser alguien o algo el mismo que se supone o se busca. 5. f. Mat. Igualdad algebraica que se verifica siempre, cualquiera que sea el valor de sus variables.

Nación: 1. f. Conjunto de los habitantes de un país regido por el mismo Gobierno. 2. f. Territorio de una nación. 3. f. Conjunto de personas de un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común. 4. f. coloq. p. us. nacimiento (‖ acto de nacer). Ciego de nación. de nación 1. loc. adj. U. para dar a entender el origen de alguien, o de dónde es natural.

Cultura: 1. f. cultivo. 2. f. Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico. 3. f. Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc. 4. f. desus. Culto religioso. cultura física 1. f. Conjunto de conocimientos sobre gimnasia y deportes, y práctica de ellos, encaminados al pleno desarrollo de las facultades corporales. cultura popular 1. f. Conjunto de las manifestaciones en que se expresa la vida tradicional de un pueblo.

Mi colega Quike me ha pegado eso de ir a la RAE cuando hay dudas sobre un término. En antropología es una buena forma de estar seguros de que estamos identificando los conceptos con propiedad y de que se están delimitando cosas distintas.

Identidad, nación y cultura son cosas diferentes, y sin embargo desde el romanticismo y los movimientos liberales del s.XIX se confunden y se utilizan para justificar políticamente auténticas barbaridades. Ahí tenemos el caso del postcolonialismo en África, la creación de estado de Israel, con todas sus consecuencias, o la expulsión sistemática de etnias que no caben en la idea que se quiere construir de estado nacional.

La identidad es una construcción social para distinguir un «nosotros» de un «ellos». Como una camisa de fuerza que nos limita y nos obliga a una determinada conducta, gustos, símbolos para dejar claro al resto de miembros que seguimos siendo uno de ellos. Con la identidad o estás dentro, o estás fuera. Te obliga a posicionarte de una manera artificial y permite un escaso espacio de evolución personal.

La nación debería ser el conjunto de personas que viven dentro de un estado de derecho, regulados por una serie de normas y convenciones que asegurasen la convivencia pacífica y donde los ciudadanos tuvieran el derecho a perseguir la felicidad.

La cultura son los usos, las tradiciones, los comportamientos.

Con el fútbol como ejemplo se explica muy bien.

 

  • El fútbol es la cultura, lo impregna todo.
  • Las normas de comportamiento, el terreno, los árbitros… son el Estado.
  • Los colores de las camisetas son las diferencias culturales como la lengua, las costumbres. Existen pero se mezclan de manera natural. En las familias, parejas, amigos. Conviven y no necesitan muros para disfrutar del partido.
  • El nacionalismo son los ultras, se sientan juntos, alejados de cualquiera que lleve una camiseta distinta. Critican a los que llevan el otro color y tienen que estar continuamente expresando los símbolos, las consignas, las arengas y los himnos como forma de supervivencia. Todo nacionalismo necesita contarse la historia de pueblo elegido, de imperio, de pueblo de dios. Justificar no hablarle al vecino por algo que supuestamente pasó hace 200 años.

¿Hacen falta ultras para disfrutar del partido?

El derecho de autodeterminación es consecuencia de la creación del Estado-Nación. Hemos tomado ambos conceptos como válidos y legítimos desde el s. XVI pero a la vista del daño que han hecho uno y otro en términos de convivencia, de paz social o de felicidad humana, creo que deberíamos plantearnos seriamente si hoy en día son válidos. Si son las mejores construcciones sociales para las personas que viven en el sXXI o si nuestra imaginación e inteligencia pueden crear una forma más óptima de organización social. Ha habido otras formas de organización antes, el error es pensar que no puede haber otras nuevas después.

El viernes entrevisté a una persona para un estudio sobre identidad. Fue por Skype. Ahora vive en Suiza, su pareja es inglesa y el hijo que ha tenido habla suizo alemán. Así que en casa hablan una mezcolanza de castellano con acento asturiano, alemán, inglés y alemán suizo (por lo visto un dialecto con vocabulario propio). Le pregunté por la cultura y me habló de la comida, de la familia, de la música. Los echa de menos a ratos y para quitarse la morriña se junta de vez en cuando con amigos de su tierra. Pero cuando le pregunté por su nuevo país las cosas estaban claras: regulaciones, democracia participativa, convivencia pacífica, plebiscitos. ¿Volvería a su región de nacimiento? No. Valora mucho su estilo de vida, aunque de vez en cuando eche de menos unas fabes.

Eso me hizo pensar en mi propia historia y en la de muchos de mis amigos y familiares. Moverse libremente por los países buscando mejores condiciones de vida y de trabajo, sin perder cosas significativas de la cultura: la comida, la lengua, las costumbres, pero haciéndolas flexibles a que se mezclen con otras cosas nuevas. La cultura es algo vivo, que se adapta, se mezcla y evoluciona (por eso mismo el concepto de «apropiación cultural» no deja de ser una falacia).

En ese esquema, intentar escoger unos cuantos rasgos culturales comunes y querer aislarlos para justificar un estado o una ordenación territorial resulta absurdo y muy peligroso. ¿Qué pasa con los que no comparten suficientes rasgos culturales? ¿Se quedan fuera? ¿Hay que obligarles a asumir los usos, la comida, la lengua, las banderas y las canciones para dejarlos vivir y tributar dentro de nuestras fronteras?

Pensemos otra vez.

¿Y si organizásemos la vida social en ciudades y no en países? ¿Donde lo común fueran las normas de convivencia y no los rasgos, la religión, o la lengua?

¿Y si nos apasionamos por las culturas, las lenguas, las literaturas, las músicas y las diferencias culturales en las fiestas, en la gastronomía, en las formas de socializar… y dejamos fuera de esa ecuación a quién le pago los impuestos, a quién voto o bajo qué código cumplo las leyes?

¿Es posible?

¿Es posible una República? ¿Un referendum legal? ¿Podemos ser como Suiza? Es posible TODO. Pero decidamos lo que decidamos ser y cómo nos queremos organizar, no se debe quebrar la convivencia, la paz social o el absoluto respeto que nos debemos los unos a los otros como seres humanos.

Diferentes estudios sobre moral y ética hablan de la evolución del niño al adulto como un paso natural entre 3 estadios afectivos diferentes: dependencia, independencia e interdependencia. La dependencia es el estado natural del niño hacia sus padres, la independencia la del joven adulto que se hace responsable de sus propios actos, la interdependencia es la aceptación de nuestra responsabilidad no solo hacia nosotros mismos, sino también hacia otros. Es la aceptación de que somos seres gregarios. Gandhi utilizó el término para explicar muchas de sus interpretaciones políticas.

En ese esquema afectivo el nacionalismo (todos los nacionalismos) serían adolescentes malcriados e infantiles, incapaces de desarrollar la empatía o razonar su postura. ¿Qué tipo de sociedad queremos? ¿Una infantiloide propensa a las rabietas y los portazos o una adulta dispuesta a los acuerdos que aseguren el bienestar de sus miembros?

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Lo seguro sería no expresar mi opinión. Dejarla para el salón y unos pocos amigos que más o menos piensan igual, donde el debate se va a mover entre matices y no entre posturas opuestas. Desde luego sería lo más prudente, pero me pregunto si querríamos una sociedad donde muchos se quedasen callados y sólo unos pocos alzasen la voz para imponer su postura. ¿No es acaso la comunicación lo que nos ha hecho evolucionar como especie? ¿Cómo vamos a ser capaces de imaginar y construir un futuro mejor, si no somos capaces de dialogar?

 

2 respuestas a «Días convulsos»

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