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Reflexiones

Vestuarios

Cuando desoritizas el cuerpo, su belleza emerge en cada pliegue.

Duchas. Azulejos blancos, desagüe en el centro y un cuadrado de mujeres a mi alrededor frotando su piel bajo las duchas. Axilas, brazos, piernas, pubis…no hay pasión mientras se recorren, solo una minuciosidad militar aprendida a base de repetición tras los años. El suelo se llena de espuma. En las duchas siempre hay como prisa. Normalmente se suelen llenar y hay que hacer cola, pero ahora en Agosto y a esta hora intempestiva que cantaba Lorca, solo somos 3.

A mi lado una señora mayor y muy flaca, movimientos de experta mientras se enjabona. Debe ser de las veteranas. En frente, en la otra hilera de duchas una chica de veintitantos morena. El agua resbala sin resistencia. «La juventud siempre es hermosa». Empiezo a entenderlo, aunque me resisto a no ver toda la belleza de los cuerpos maduros.

Salgo y me envuelvo en la toalla camino de mi taquilla. Me cruzo con otros cuerpos, otras mujeres en distintas fases entre desnudarse y vestirse. Saco la crema del cuerpo y me empiezo a recorrer la piel mientras observo a hurtadillas las ajenas. Estrías, curvas, pelo, arrugas, canas, flacidez y superficies horadadas por la celulitis y el tiempo. Tatuajes, uñas pintadas. Me parece todo hermoso. Cicatrices. Alguna cesárea, una mastectomía como la de mi abuela, allí un cicatriz larga encima de la rodilla y una de las que dan miedo y produce ternura recorriendo el esternón de una señora al final del pasillo. Valientes.

Aquí no hay pudor. Ya no. El pudor es una frontera mental que se termina de atravesar con la edad. Esas señoras se quitarán la ropa despacito en el médico, en la playa, quizá hasta delante de su marido, pero aquí los miramientos sobran. Las jóvenes son distintas, se quitan el sujetador mirando a los lados, o bien a las bravas como si estuvieran reafirmando algo dentro de su interior. Las señoras simplemente se lo quitan sin pasión, sin precauciones.

Hablan de lo buena que está el agua hoy, intercambian recetas, se preguntan por los nietos y los maridos, se cuentan sus visitas al médico. Siempre hay alguna risa.

Al salir todas tenemos la misma expresión, jóvenes, mayores. Mirada de haber hecho los deberes, satisfacción. Llegaron estresadas pensando en los largos que iban a nadar pero salen perezosas y relajadas. Se han entretenido en las risas, en echarse la crema en el cuerpo, en peinarse, se han vuelto a poner los anillos, los pendientes y el reloj. Agarran la mochila con paso decidido, el vestuario es un limbo en el tiempo pero es hora de volver al mundo.

Hermanas.

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