Hacerse amiga de la librera…

Fui librera tres años, una de esas con chaleco verde en la sección de ciencias humanas de la Fnac de Callao. Todos los viernes, sábados y domingos, todas las vacaciones, puentes y fiestas de guardar.

Fue la época en que me puse ortodoncia y me rapé la cabeza. Era como un oso amoroso con pinta de skin head, que recomendaba lo mismo a Rosseau que a Bertrand Russell.

Me perdí un montón de cosas de lo que se supone que es «la vida universitaria»; cuando me junto con los colegas siempre recuerdan algún viaje, un concierto, una barbacoa…»¿Y dónde andaba yo?» pregunto. «Trabajando» contestan, y la conversación sigue.

No me arrepiento, es muy especial mirar a la cara a otros frikis como tú y ser la responsable de que se lleven maravillas a casa. Como «Si esto es un hombre» de Primo Levi. De nada, a mi también me lo recomendó un librero.

Amazon y la magia de que sea Navidad un par de veces al mes, se había cargado eso. Ahora lo estoy recuperando, es una de mis estrategias para salir de casa, ir a Taifa a ver si han traído algo nuevo. El otro día me pilló allí la presentación de Los asquerosos, me lo pasé muy bien. Escritores que en directo son como actores del Club de la Comedia.

Me doy un paseo por el barrio que en realidad es una farsa que me monto a mí misma, ya sé que voy para allá.

Cotilleo en los estantes, hojeo, ando despacito entre las mesas, doy un repaso a lo de segunda mano. La librera me reconoce, ya le he pedido varias cosas. Podría pedirlas en Amazon, pero me robaría el paseo. El otro día me buscó unos libros de Freud que me tengo que leer para el doctorado. Me descubrió la sección oculta de psicología. Es un estante pequeño pero bien surtido, el de sociología le gana (PSI 0 – SOC 1). La librera es una chica unos pocos años mayor que yo, más maja que las pesetas, abre la librería los domingos. Libros y domingos, perfect combination. El otro día tenía un libro de sociología del lenguaje a medio leer al lado de la caja. Me podría haber quedado un rato hablando del tema, cosas de yayas.

Si he comprando algo, a veces me doy un homenaje a lo Hemingway, me voy a un bar, al Canigó o al Chatelé, me pido un tinto y me lo voy bebiendo a sorbitos, casi para que no se acabe, mientras me leo las primeras páginas.

Las primeras páginas son como la primera cita. O va muy bien, o va muy mal, si te deja indiferente no repites. Con las otras dos opciones hay posibilidades.

Bien mirado la librera, es como una suerte de casamentera. Muchas primeras citas.

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