Trabajar en Marketing, dilema moral

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Llevo trabajando en marketing directa o indirectamente desde 2001, lo que significa que llevo 18 años contribuyendo a que la gente compre cosas que probablemente no necesita.

Lunes, comida en la cantina de la oficina, parte del equipo de ecommerce. La conversación empezó como empiezan todas las conversaciones estos días, con la ola de calor. De ahí al CO2 de los aires acondicionados, el impacto ecológico, la sostenibilidad… y finalmente a la realidad que más nos toca y sobre la que tenemos responsabilidad directa: nuestro trabajo. Una experta en expansión, otra en plataformas tecnológicas, una manager, un responsable de tráfico pagado y yo.​ Gente inteligente y con talento, a la que le gusta su trabajo, pero que lleva a cuestas el dilema moral de trabajar en marketing.

Estamos en un sector que tiene un impacto negativo sobre la autoestima de las personas, donde el coste ecológico es altísimo y en el que contribuimos a que la gente identifique comprar cosas con ser feliz. Ese es el dinero que nos paga la nómina. Hoy en día gran parte de la humanidad trabaja en hacer o vender cosas que no necesitamos.

 

La nómina ya no es suficiente, la realización personal pasa por la repercusión social

Cada vez más amigos y conocidos se replantean su trabajo y su vida: se van de vacaciones a trabajar en ONGs, dejan el curro y recorren mundo con lo que habrían ganado en dos meses,, o buscan iniciativas locales que contribuyan al desarrollo social. Pero:

  • ¿Y si pudiéramos tener un trabajo que tuviese impacto positivo en la sociedad?
  • ¿Puede mi trabajo en marketing ayudar a las personas?
  • ¿Cómo puedo usar lo que sé y lo que se me da bien para ayudar a otros?

Más allá de la RSC

La responsabilidad social corporativa es una expresión muy larga. Se ha usado con buenas intenciones, pero no tengo la sensación de que haya transformado o construido nada. Suena a respuesta paliativa. “Compensar el daño que estamos haciendo” en lugar de “cambiemos para transformar el mundo”.

Algunos ejemplos (Lego, Microsoft, Google) son impresionantes y una buena señal de que podemos pensar la producción y el beneficio empresarial desde otra óptica; materiales reciclados, fondos para ongs, ayudas al desarrollo, etc. Pero a día de hoy, nos saben a poco.

Queremos cambiar el mundo (y sabemos que es posible)

“El hombre no puede volar”

“No se puede viajar al espacio, es imposible”

“Las mujeres no valen para las finanzas” 

Los romanos no hablaban usando el futuro. En latín ya se utilizaba el “voy a” en formato presente para designar cosas que ocurrían en futuro. Lo hemos heredado en varias lenguas, como el castellano y el inglés. Nuestros antepasados eran un pueblo supersticioso, creían que hablar de lo que harían era un reto para los dioses, que se empeñarían en frustrar sus planes.

​La palabra imposible funciona igual ¿Cuántas cosas han dejado de ser imposibles en los últimos 200 años? Si hemos llegado hasta aquí, ¿qué nos limita para cambiar nuestra forma de trabajar y repensar nuestra sociedad?

No quiero sonar Naive

No creo en un progreso constante de la humanidad, tenemos una lista grande de horrores que es conveniente recordar y tener presente: guerras, genocidios, discriminación… pero sí creo que el ser humano tiene una capacidad natural para transformar el mundo que le rodea. Sólo necesitamos 2 herramientas: Imaginación y actitud. Imaginación para no dar nada por sentado, para pensar nuevas vías, actitud para hacer que las cosas pasen.

Mientras llega la Utopía de Tomás Moro, podemos empezar a cambiar pequeñas cosas.

Las empresas no son el enemigo. Son una palanca de cambio dentro de la sociedad actual, ejemplos hay muchos. Argentinos que tomaron su fábrica tras el Corralito para seguir teniendo trabajo, enfermeras que quieren atender mejor a sus pacientes y ser más felices, y gigantes de los medios especializados que dan pistas para articular el cambio desde cualquier compañía, pensando en clientes, empleados y proveedores.

La motivación más importante no viene del aumento de sueldo, sino del sentimiento intrínseco de que lo que hacemos (por extensión, de nuestro trabajo) va a trascender, que marcará la diferencia a nivel social.

No se trata de cambiar de trabajo, trabajar en marketing es lo mismo, sea en Asos o en Unicef. Sino de participar en un cambio de estrategia empresarial, pensado desde el impacto social.

 

Y TÚ?

Si tienes tus propios dilemas profesionales, te propongo participar en una dinámica. Entra en los comentarios y plantea tus propios “y si…?” por ejemplo (aquí los míos):

Y si mi sector pudiera reforzar la autoestima de las personas para que se aceptasen como son, simplemente por ser, sin necesidad de comprar nada?

Y si el marketing digital pudiera evolucionar para conectar a las personas, hacerlas cooperar en iniciativas con impacto social?

Y si mi propósito personal y mis proyectos profesionales pudieran ayudar a que las personas se comprendiesen mejor, entendiesen mejor el mundo en el que viven?

Y si las 8 horas que paso trabajando no solo pagasen las facturas, sino que pudieran cambiar la realidad que vivimos e hicieran posible otra?

A ver dónde nos llevan los “Y si..?” compartidos. Quizá nos de una perspectiva más amplia o nos planteen nuevas posibilidades

¿?

About the author

Patricia Salgado

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Sobre mi

Socióloga especializada en investigación de mercados, trabajando en marketing digital desde 2009.

Mi especialidad es el análisis del comportamiento de las personas a través de herramientas digitales.

Utilizo el blog para reflexiones personales, notas y apuntes.

Puedes encontrar mi experiencia profesional en Linkedin

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