Dime qué compras. Papel higiénico y antropología

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Llevo unos días en casa de mi madre. Es curioso como muchas de las cosas que daba por sentado cuando vivía con ella, ahora me resultan sorprendentes 19 años después. Como el papel higiénico.

Mi madre y por extensión todos los de la casa, compran muchísimo papel higiénico. SIEMPRE hay, es algo que nunca falta. Me estaba lavando los dientes ayer cuando flipé con un cesto al lado del water con no menos de 12 rollos blanco impoluto listos para ser utilizados. La ducha también estaba abarrotada, pero de champús y geles con distintos olores. Casi como un spa, libertad para elegir. Empecé a andar por la casa. Acabé en la cocina y en el patio. Cajas y cajas de leche. Otra cosa que nunca falta por aquí.

Fui abriendo armarios de la cocina: galletas, pan bimbo, azúcar, aceite, latas de atún, pero todo en cantidades industriales. Seguí con la nevera: los tres productos estrella: yogures, cocacola y embutidos. La fruta era anecdótica, igual que los 3 pepinos que andaban sueltos en el cajón de abajo. La nevera estaba reventona, pero los cajones de verdura tenían espacio de sobra. En uno se habían puesto algunos packs envasados al vacío de preparado para cocido.

Como entrar en otro mundo.

Mi nevera allí en Barcelona tiene mis cosas y las de Carla. En general está siempre a medio llenar, con mucha fruta y verduras, alguna cerveza, algún vino y leche de almendras. Así que la de mi madre, que he visto mil veces pero nunca me había fijado de verdad, ha sido como sacarme del contexto cultural. Etnografía de la comida, mucha cultura en lo que comemos y lo que elegimos comprar.

En general en casa de mi madre hay mucho de todo, le pregunté ayer. Me dijo que nunca sabe cuándo se va a presentar gente de imprevisto a comer o a dormir y que donde comen 5 comen 10. Esto no tiene mucho sentido en mi círculo de amigos, pero aquí y conociendo a mi madre, es de una lógica aplastante. Mi madre son cinco hermanos, mis hermanos y yo también somos 5, a los que hay que sumar mis cuñados y sobrino, que siempre están por casa.

Pero no bastaba como explicación, así que esta mañana he pillado a mi padrastro J por banda. Él me ha dado más detalles:

“Mi madre siempre compraba al día, no le gustaba hacer compras grandes. Me mandaba a la tienda con la lista: 100 gr de tocino, 50 gr de jamón, 1 taza de harina…No había neveras como ahora, todo se tenía que gastar. El embutido lo teníamos en el patio en un mueble sin cristal, con rejilla de plástico para que no entrasen las moscas.

Hasta los 70′ hubo mucha hambre, incluso en el campo, no había. Las madres inventaban mil ideas, pero cuando no había no había. Luego fue mejorando. Mi madre tenía un cuaderno donde apuntaba todo lo que iba comprando: al carnicero 3 pesetas, del pan 5 pesetas y así. Cuando cobraba mi padre, ella repasaba todo el cuaderno y se iba a pagar a todos. Es lo que hacían todas las mujeres. Se fiaban, entonces un apretón de manos valía más que un contrato. Todo el mundo se conocía en el pueblo.

Ahora es diferente. No siempre tenemos tiempo para ir a la compra, así siempre hay comida en casa. Me acuerdo que cuando trabajaba de camionero me quedé aislado en un área de servicio en Alemania por la nieve. Tardaron 3 días en sacarme con la máquina de quitanieves. Pero yo estuve genial, tenía los cajones llenos de embutidos y pasta, siempre me gustaba tenerlos llenos. Me pasé los tres días comiendo y viendo películas.”

Aquí hay varios temas:

  • Miedo a pasar penurias, como algo muy lejano pero que se ha fijado en la mente de una generación que nació antes de los 70′.
  • Consumo conspicuo, variedad y cantidad por encima de la calidad.
  • Educación alimenticia: el consumo de tantos embutidos y lácteos no es bueno, sin embargo mi madre los asocia a niños bien alimentados (mis hermanos gemelos de casi 2 metros pueden atestiguarlo) y hay un cambio de patrones económicos. Mi madre no está todo el día en casa, pasa mucho tiempo fuera en sus negocios, es emprendedora de supervivencia. El que haya comida en casa le da tranquilidad. Algo como cumplir con su deber de poder alimentarlos a todos.

Esto de la antropología tiene eso de salirse de la realidad propia y revisitarla como si vinieras de otra tribu, o de otro planeta, algo así como “Sin noticias de Gurb” pero sin la cara de Marta Sánchez.

Como cuando vas de vacaciones a un sitio exótico y haces parada obligatoria en el supermercado. Si sabes lo que compra la gente puedes aprender mucho de cómo son, cuántas personas viven en la casa, qué nivel educativo y económico tienen, etc.

Mi compra probablemente diría que me preocupa comer sano, que soy muy de ensaladas y que me han embaucado con lo de las leches vegetales y los frutos secos. Además de que como poca carne, pero voy a acabar con las reservas de atún del océano. Lo que sería una de mis compras semanales ahora en verano:

  • Melón piel de sapo
  • Melocotones y/o nectarinas
  • Naranjas
  • Higos (si hay)
  • Pimiento rojo
  • Pimiento verde
  • Berenjena
  • Rábanos
  • Cebollas
  • Tomate de pera
  • Pepino
  • Zanahorias
  • Huevos
  • Lentejas cocidas
  • Garbanzos cocidos
  • Bolsas de lechugas
  • Latas de cerveza Mahou o Estrella Galicia
  • Leche de almendras
  • Latas de atún
  • Nueces
  • Avellanas

Luego hay caprichitos que me compro de pascuas a ramos y la compra mensual que hacemos de productos de limpieza, papel higiénico incluido.

Y tú, qué comes? Qué dice tu compra de ti?

 

 

About the author

Patricia Salgado

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Sobre mi

Socióloga especializada en investigación de mercados, trabajando en marketing digital desde 2009.

Mi especialidad es el análisis del comportamiento de las personas a través de herramientas digitales.

Utilizo el blog para reflexiones personales, notas y apuntes.

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