Patricia Salgado Investigación Digital

Me gusta mi frutero

M

Es un tipo bajito, con gafas y calvo. Tiene las manos regordetas y los brazos llenos de pelos grises. No es muy mayor, a mitad de los 40.

Nunca mira a los ojos, creo que le puede la timidez; y me habla siempre en castellano, aunque cuando le oigo hablar con alguna señora en catalán, se nota un acento fuerte, como de barrio profundo. Charnego: (que palabra tan bonita, aunque se utilice para decir cosas feas).

No le gusta el gazpacho, le recuerda a su abuelo y siempre dice que debería comer más fruta; creo que lo hace a modo de disculpa cuando pesa toda la que compra yo.

Me gusta ver cómo coloca las cosas. Para no gustarle la fruta ni la verdura, coloca los tomates de pera con una turgencia que hace unas décadas haría escandalizar. Agarra las cebollas de las ramas verdes, con cariño pero decisión. Las sandías como si fueran ciruelas y no pesasen, con la mano bien abierta, rodeando toda su redondez y las berenjenas las va colocando una a una en los canastos de mimbre, con el rabillo hacia abajo y el culo brillante y morado hacia arriba.

¿Qué le emocionará a este hombre tranquilo? ¿Qué le hará reír, o gritar de entusiasmo?

Una vez dijo que no le gusta el fútbol y a diferencia de los otros fruteros no hace chistes de su pareja, no habla de recetas, ni tampoco de niños. ¿Será de esos hombres que siguen viviendo con su madre? ¿O será él quien se plancha los polos pulcros y verdes cada mañana?

Me lo imagino en un capítulo de First Dates, ¿de qué hablaría con su acompañante? Quizá es un aficionado al arte abstracto, al aeromodelismo o a la cría de tórtolas. O tal vez lee novelas policiacas antes de irse a dormir y le gustaría ser como Harry Bosch.  La gente que parece corriente suele ser mucho más interesante de lo que parece, sólo hace falta rascar un poco.

Quizá tiene pensamientos oscuros…”era un hombre muy amable” dirían después.

No sé. A mí me parece majo. Las antípodas de lo que estoy acostumbrada: artistas, intelectuales, raros. Pero ¿cómo conoces a alguien que aparentemente está tan alejado de lo que eres? Hay barreras invisibles hechas de prejuicios. Si el tipo fuera librero en lugar de frutero, mi cerebro habría intuido que es un tío con cultura, lo habría imbuido de cierta mística lectora y me habría puesto a hablar de libros con él, para después decir tranquilamente y con mi voz más maja “deberíamos quedar a tomar una caña y seguir hablando de la obra de Bukowski”. Pero con un frutero que no le gusta la fruta, cuesta.

Como los negros. Le di unas vueltas al tema después de que en el Marula uno me tirase los trastos, el tipo estaba cañón pero me cerré en banda. Lo estuve hablando con A días después. Y confesé con esfuerzo que no era un prejuicio de piel, era un prejuicio de clase, cultural o económico. Si el tipo cañón del Marula me hubiera abordado en un seminario sobre la filosofía de Horkheimer, mi cerebro habría echado cálculos: “con estudios, intelectual, clase media, apto”.

El mercado matrimonial/de pareja es bastante más limitado de lo que creemos, y los límites los ponemos nosotros. Queremos a nuestro lado a gente que esté dentro de nuestros esquemas y los casos de movilidad social de clase o de etnia son mucho más raros de lo que pensamos. Gitanos y payos. Hay algunas parejas, pero ¿Cuántos amigos negros, gitanos, árabes, pobres o extremadamente ricos tenemos? ¿Y con cuántos hemos salido? “No discriminamos, pero cada uno en su casa”.

Somos unos hipócritas.

Buscamos recetas perfectas. Aquí la que era la lista de mi amiga L antes de empezar a salir con su chico por Tinder: Con estudios, trabajo, manos bonitas, pestañas, deportista, tacaños no, que sepa cocinar, que tenga buena dentadura y otras muchas cosas más. El novio actual en cuestión no cumple ni de lejos todos los puntos, pero no parece que a ninguno de los dos les importe. La receta la hizo hace 2 años mientras íbamos en el coche por Galicia, yo hice una lista igual de estúpida: que supiera de música, que tocase algún instrumento, que tuviera tatuajes y otra buena tajada de sandeces.

Con estas cosas siempre acabo pensando en mis bisabuelos: Casilda y Gregorio (Goyo para los amigos). Se tiraron toda la vida juntos, a pesar de la Guerra Civil, el encarcelamiento de mi bisabuelo, las torturas a mi bisabuela por roja, la postguerra, varios negocios, 3 hijos, 6 nietos y 6 bisnietos. Discutían de vez en cuando, pero les recuerdo dándose abrazos, cogiéndose de las manos y pellizcándose en el trasero aún cuando ya les costaba andar. No creo que ellos tuviesen tantas tonterías a la hora de conocer a gente nueva. O quizá sí.

Elegimos a personas que creemos que aseguran la vida que queremos llevar. Por eso, sí somos unos frikis de la montaña, buscamos a personas que puedan compartirlo con nosotros. Igual que la música, los libros o el periódico con la fruta el domingo en el desayuno.

 

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Patricia Salgado

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Patricia Salgado Investigación Digital

Sobre mi

Socióloga especializada en investigación de mercados, trabajando en marketing digital desde 2009.

Mi especialidad es el análisis del comportamiento de las personas a través de herramientas digitales.

Utilizo el blog para reflexiones, notas y apuntes.

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