La readaptación

-Ya no puedo escribir más.

-Siempre dices eso cuando acabas una obra. -dijo Albert desde el dintel de la puerta-

-Esta vez es distinto. No es como otras veces, no me siento vacía, me siento sin ilusión. Había puesto demasiada en las pequeñas obras y ninguna de ellas ha llegado a estrenarse.

-Vamos, vamos, si ni siquiera llegaste a acabarlas. No seas tan injusta. Es verdad que parecían buenas pero al final no dependió todo de ti. El teatro sigue esperando una respuesta tuya sobre la readaptación ¿por qué no les hemos contestado aún? Es un éxito asegurado, llenará la taquilla. Eres buena en eso y lo sabes.

-Me siento mayor para volver a enfrentarme a eso. Con todos esos actores nuevos que parecen saber más que yo. Podría ser la abuela de más de uno. Ya no quiero empezar más de cero. Odio la incertidumbre, el no saber sus nombres, no saber quién me servirá para cada papel, escucharles una y otra vez destrozando mis frases. No quiero ver sus caras de ilusión antes del estreno cuando yo hace tiempo que la he perdido.

-Te está saliendo la vena dramática. – Albert puso los ojos en blanco, resopló y finalmente cruzó la sala y se sentó en el borde del sofá donde ella se tapaba la cara con un viejo cojín bordado.- Agustina!

-Sabes que odio que me llames así. Tus dotes persuasivas son una mierda- Salió su voz tras el cojín-.

-Está bien, perdona, Gus, escucha. Sé que este último año y medio ha sido un periodo de barbecho. Sé que ya no quieres escribir, ni actuar, ni leer en público pero eso es hoy. Mañana no sabes cómo te vas a sentir. Te he visto cambiar de idea y de mood hasta cuarenta veces en un minuto. Podías estar de lo más triste tomando un café en donde Johny e ilusionarte como una niña porque entraba un señor con barba o porque por la calle pasaba una mujer con un paraguas rojo, o porque las gotas de lluvia dejaban un reguero en el cristal y decías que te daba un Stendhal. Y después de eso levantarte y salir corriendo bajo la lluvia porque tenías una buena idea para una escena y la tenías que escribir. Lo que quiero decir es que lo que sientes hoy no te va a durar siempre.

-Qué sabrás tú ¿ahora adivinas el futuro? ¿Has empezado un curso por correo de lectura de posos del café? -Dijo ella tirando finalmente el cojín a un lado del sofá y mirándole molesta-

-No querida, no me ha dado por los posos del café ni me voy a graduar en astrología avanzada- dijo él con ironía- pero te conozco. Eres la persona que mejor conozco en esta mierda de mundo y sé que mañana, o pasado mañana, o dentro de un mes, te volverás a ilusionar. No tengo ni idea de cómo funciona ese universo interior tuyo pero sí sé leer las señales después de tantos años a tu lado. Volverás a pasear por la ciudad distraída, te colarás en salas de cine y exposiciones, te meterás en conversaciones con extraños, me harás preguntas profundas sobre dios, o la belleza o la vejez que no sabré contestarte porque tu cabeza estará en Plutón y un día me mirarás como has hecho tantas veces y veré esa chispa de nuevo en tus preciosos ojos marrones.

-Debí haberme casado contigo -dijo ella poniéndose de pie-

-Habría sido un matrimonio sin sexo, de lo más aburrido.

-¿No lo son todos?

-¿Sin sexo? ¿o aburridos? jajajaja- dijo él con una carcajada- Venga Gus, digamos que sí a la readaptación. No es una obra nueva, es un terreno seguro. Además conozco a la compañía, son unos currantes, no hay primadonnas, te lo pondrán fácil. Lo que quiero decir es que pillemos esto, nos vendrá bien, a ti como autora y a mí como tu agente. Pagará las facturas y será como abonar el campo hasta que aparezca de nuevo la ilusión por algo nuevo. ¿No fue Gaugin quien decía que la inspiración debe encontrarte trabajando?

-Picasso!

-Pues eso. Mientras aparecen las ganas de correr empecemos a andar otra vez.

El cambio en la industria musical: del tener al saber.

Ayer salió la segunda entrega del podcast Marketing online para la música, un programa creado, realizado y producido por Esther Checa y los amigos de Subterfuge Records. En este episodio he tenido la oportunidad de contar una de las investigaciones que llevamos a cabo el año pasado sobre cómo se han modificado los hábitos culturales y el impacto que han tenido sobre las plataformas digitales y la industria musical.

Creo que el podcast ha quedado estupendo (Gracias Esther!!) pero quizá los insights no se entiendan con toda la claridad que merecen, así que permitidme que los desmenuce un poquito mejor por aquí:

El papel clave que juega el aprendizaje en todo este cambio cultural.

Hemos pasado del tener al saber. En los últimos 20 años se ha pasado de tener la música (grandes colecciones de discos) a que ésta pierda su dimensión física. Recordemos que en torno al año 2000 es cuando Napster y las descargas ilegales empiezan su ascensión. Hay un libro excelente para entender mejor este tema: Cómo dejamos de pagar por la música. Lo interesante es que antes, para ser respetado por tu conocimiento musical, se presuponía que tenías muchos discos o libros, hoy en cambio lo que te valida como alguien influyente a nivel musical dentro de tu círculo es el conocimiento musical. Y ahí lo interesante es ver cómo aprende la gente de música.

El papel del curator. El punto anterior nos lleva a este y a analizar dónde se informa la gente de música (la importancia de los blogs, eZines, películas, cuentas de twitter, podcast…) no son música pero son contenidos que te legitiman en torno a la música. Aquí sería interesante analizar dónde están los influencers en el sector de la música y dónde en otras industrias culturales. Un fenómeno a estudiar es lo que está pasando en los videojuegos, donde unos pocos youtubers han logrado poner de moda un videojuego en pocos meses. Lo curioso es que el juego lleva ya 3 años, pero no ha sido hasta ahora que ha empezado a volverse popular. 

Los influencers y curators son los que nos abren la puerta a esa legitimidad que se adquiere mediante el conocimiento y no ya lo físico: colecciones de discos y casettes.

El consumo como posicionamiento militante.

Si todo está en la red, ¿por qué seguimos comprando «cosas» relacionadas con la música? Porque comprar en la industria cultural es una forma de «pertenecer», de vincularlo con la propia identidad.

Las causas que apoyamos dicen cosas de nosotros. Por eso apoyamos en Verkami para que salga el documental de Parchis, compramos camisetas (que solo nos pondremos para dormir) al grupo que estamos escuchando en la sala, o compramos el vinilo por tenerlo como elemento fetiche, aunque la mayor parte del tiempo tiremos de Spotify. Esto es clave para los grupos de música, convertirse en una causa y no sólo en una marca. Para ello necesitan narrativa, un storytelling de lo que son y un ecosistema digital que permita convertir las redes en amplificadores de ese mensaje.

Los vinilos son un elemento fetiche que expresa nuestra personalidad.


La disolución de los canales.

A diferencia de lo que pensamos, la gente no escucha ya música en unas pocas plataformas. Éstas se han multiplicado y la música por tanto ha dejado de ser identificada con un soporte concreto, se ha liberado, ahora sólo es contenido. Buenos ejemplos de ello son Fornite, Tiktok, o las stories de Instagram. Muchas de las personas que entrevistamos para un proyecto sobre Reggaeton nos comentaron que eligen la música que directamente les recomienda Instagram y que se dejan llevar por ese ranking para luego escuchar música en otras plataformas como Youtube o Spotify. Es decir, que muchas personas (especialmente las que no superan los veinticinco años) descrubren la música en Instagram. Curioso ¿Nuevo filón para Facebook?


La ausencia de liturgia en la música online.

En pandemia han desaparecido los conciertos físicos y con ellos, parte de la liturgia (los rituales) y preparación del evento. La música online no se experimenta igual que de forma presencial durante el concierto, pero tampoco antes o después del mismo. Aquí tenemos testimonios de informantes que nos contaron lo importante que era tener la entrada física, el ponerse de acuerdo con los colegas sobre quién compraba las entradas, en qué bar se tomaban las cañas o qué se hacía después del concierto para comentarlo. Y es que según Julián Marías, un filósofo discípulo de Ortega y Gasset, parte de la felicidad de los eventos viene de su anticipación. Es decir, que en los conciertos una parte que nos produce mucha felicidad es la misma planificación, algo similar a la felicidad que nos produce planificar un viaje.

De nuevo, el ejemplo de industria cultural que está siendo muy exitosa en esto son los videojuegos. El FIFA y su lanzamiento de cartas y eventos semanales son citas que los gamers apuntan en el calendario y planifican. ¿Podríamos lograr algo así en la música online?

Os dejo el podcast por si queréis escucharlo: https://open.spotify.com/episode/04Fpyjn9PC5KT5z4hnQL52?si=m6B-JWMtQ5qiSkfqeNsrkQ&nd=1

3 camiones y 3 cielos

-Aquí el Zagalico como un bólido por la A-30, ¿algún camión amigo en la cercanía?

-¡Zagal! ¿Acho pero no estabas de vacaciones? Aquí Juan de El Palomar.

-¡Hombre Juan! Pues sí, estaba. Qué bien lo has dicho, pero me dieron un servicio y aquí ando llevando alcachofas recién cogidas de esta mañana a Bruselas. Me acaban de cargar el camión hasta arriba ¿y tú?

-ESOS CAMIONEROS NOCTURNOS ¡No se os puede dejar solos!-dijo una tercera voz uniéndose a la radio de corto alcance.

-Ostia Isidoro, pero si yo te hacía por Sicilia, ¿no pasabas esta semana en ruta?

-Me volví ayer casi llegando a Albacete. Me tuvieron que cambiar la cámara porque no enfriaba y a ese paso iban a llegar las mortadelas más tiesicas que la mojama seca ¿Qué hacéis?

-Pues yo estaba oyendo la radio antes de que dijera ná el Zagalico, que estaba llamando la gente para contar cómo quieren que sea el cielo.

-¿El cielo dices? Acho qué cosicas escuchas. A mí todo eso de la muerte me da mucho repelús ¿Es que no llevas música?

-¡Si es que es de coña! ¿Pues no ha llamado una señora para decir que si ella pudiera elegir que quería que el cielo fuera una biblioteca enorme, para leer eternamente? Y otro que debía ser maestro o algo así que decía que quería conocer a un juglar en la otra vida y que si por él fuera el cielo sería ¡como irse de vacaciones por la historia!

-Bahh, pues vaya cosas más raras dice la gente. Anda que si yo pudiera elegir cómo iba a ser el cielo me iba a pedir esas tontás. No saben vivir, ni en la otro vida pijo. Para mí que el cielo, qué te voy a decir yo, sería no hacer ni chispica. Pero ná. Como las vacaciones en Marina d’Or, que te lo dieran tó hecho. Que te levantas y lo único que tiés que pensar es qué vas a desayunar en el bufé y en qué piscina te vas a remojar. Ni de los críos te tienes que preocupar, que ya te los cuidan allí. Pues así pero para toda la eternidad.

-Pues por mí, si puede ser cualquier cosa, pediría los ratos que he estao más a gusto pero tós juntos, ¿sabes? Por ejemplo que pudiera ser las vacaciones que pasaba con mi abuelo en Guardamar cuando era crío, que pudiera estar en el campamento de la mili que hicimos tós en Nerpio y que al mismo tiempo estuviera en la boda de mi hermano Jesús hace 4 años con toda la familia, que estaba hasta mi madre pobrecica antes de ponerse tan pachucha. Pues eso pero tó a la vez, incluso que pudiera tener más momentos de esos con la misma gente pero allí, ¿sabes?

-¿Todo a la vez? Pues entonces añade mi despedida de soltero y mi noche de bodas a lo de Marina d’Or, ¡que la cosa del cielo va a ser la repanocha! Vamos, ¡Que ni el Bando de la Huerta!- se echaron los tres a reír por la radio- ¿Y tú Isidoro qué? ¿Para ti, cómo sería el cielo?

Inspiración: La felicidad humana de Julián Marías, capítulos XXVII «El amor y la pretensión de inmortalidad», XXVIII «La conexión de esta vida con la otra» y XXIX «La imaginación de la vida perdurable».

Los sueños de las otras

Guillém revolvía su café distraído mientras esperaba sentado junto a la cristalera del bar. Cuando empezó a sorber el café ya casi frío se sentó junto a él Fernando.

-¿Qué pasa tío? Antes me llamabas para tomar cañas. Está claro que nos estamos haciendo mayores -dijo entre risas-. Disculpa, ¿me traerías un café con leche? (…) No, nada más gracias. -volvió la mirada a su amigo- Bueno, ¿y de qué se trata? Desembucha, ¿cuál es esa teoría misteriosa que me quieres contar? ¿No será otra treta para dejar el equipo de futbito?

-No, no. Es otra historia que me está dando vueltas y quería hablarlo contigo. Quizás si tú me dices que es una cosa absurda deje de darle vueltas a la cabeza. Es sobre una paciente.

-Estaba claro que la cosa iba de mujeres- Fernando volvió a reírse y estiró las piernas bajo la mesa-.

-A ver, que la señora en cuestión tiene 63 años y se está recuperando de un infarto cerebral.- respondió Guillém-

-Vale, vale, lo pillo. ¿Y está bien? ¿Se está recuperando y eso?

-Sí, aparentemente sí. Todas las pruebas parecen positivas y físicamente está bien. Ya ha vuelto a hacer vida normal. La salud no es el problema, el problema son los sueños que está teniendo.

-Tío te has equivocado de amigo, haber llamado a un psicólogo y no a un físico. Lo mío son los Kaluza-Klein y no los Freud y los Jung.

-Dame dos minutos y te lo explico.

-Como que te conozco, que esto va a durar más de dos minutos. -levantó la mano- Disculpa ¿me traerías otro café? y perdona ¿me traerías también un croissant? Paga mi amigo. -volviendo a Guillém- vale, ya puedes darle caña.

-La historia es que la paciente no ha vuelto a dormir como antes desde su infarto. En la primera revisión me contó que tenía sueños muy extraños que la inquietaban. No le di demasiada importancia, pensé que era por el miedo a recaer y la despaché rápido porque tenía una cirugía justo después. Le receté unas pastillas para dormir y le dije que nos veríamos en la siguiente consulta.

-A ha- dijo Fernando con la mitad del croissant en la boca-.

-Pero volvió a mi consulta 3 días después aterrada porque las pastillas la hacían tener sueños más profundos y no sabía cómo despertarse. Me costó tranquilizarla, al principio no entendía nada. Así que le pedí que me contase despacio cómo se quedaba dormida y con qué soñaba. Me dijo que soñaba «con las otras».

-¿Qué otras?-dijo Fernando con interés-.

-Pues se ve que la paciente sueña que es ella misma pero en otras vidas. A veces dice que durante una noche puede estar en la vida de otra ella, pero que otras el sueño le va llevando a varias vidas distintas. En una me contó que su padre no había fallecido y que seguía viéndole en la residencia, en otra que ella se había quedado viuda a los 30 y había tenido que sacar adelante a sus hijos sola, no sé cosas así. Como si en cada sueño fuera ella pero bajo circunstancias distintas.

-No soy experto en sueños ni en psicología, ¿pero no será que echa de menos a su padre y que le sobra el marido?

-Pues eso pensaba yo también hasta que me dijo que en todos los sueños es el mismo día en el que se ha ido a dormir.

-¿Cómo? No entiendo.

-Se tomó las pastillas 3 noches antes de venir a verme. El 5,6 y 7 de noviembre. Pues dice que en los sueños del 5 las cosas que le pasaban en sus diferentes «vidas» ocurrían el 5 de noviembre. Y al día siguiente es como si hubiera pasado un día.

-Vale, pero si estaba durmiendo ¿cómo sabe qué día era en sus sueños? Normalmente nadie se acuerda de nada o si lo hace son cosas inconexas.

-Esa es la cuestión. Ella dice que estaba dormida, pero «las otras» no. Dice que parecía que se hubiera colado en sus vidas. Y sabía qué día era porque recordaba haber visto un trozo de telediario, por cierto en uno dice que salía Kennedy de viejo, o un programa de radio en el que dicen el día que es o que recuerda a una de las otras mirando la agenda.

-Está claro que es una señora muy creativa y parece que tiene unos sueños de lo más interesantes, pero no veo muy bien qué tienen que ver conmigo.

-No estoy seguro de que sea un problema neuronal o psicológico.

-Explícate.

-Estuve mirando en su historial y parece todo normal, por descartar hice unas búsquedas en la base de datos internacional del hospital. Y encontré al menos dos casos similares. Uno en 1956 de un niño alemán de 8 años. Se cayó de la escalera mientras ayudaba a su padre en el tejado. Estuvo casi una semana en coma cerebral, cuando despertó dijo que había vivido cada uno de esos días en la vida de «sus otros yo»: yendo al colegio, jugando, e incluso ayudando a su padre con el tejado en otra casa parecida a la suya, pero volvió a soñar normal tras salir del coma. El otro caso es más antiguo y hay menos datos, un francés de 27 sirviendo en el frente del Somme en la Primera Guerra Mundial. Le explotó una granada cerca de la cabeza mientras dormía. Después de eso dijo que cada noche soñaba con muchos de «sus otros yo», en alguna de esas vidas no había guerra o había acabado, pero en otras la guerra continuaba aunque con otros enemigos o él estaba en otro bando. El médico que lo registró quiso darle la baja pero sus superiores no se lo permitieron, aún no se entendía lo que era el estrés postraumático. Lo mandaron de nuevo a primera línea y falleció a los pocos días. Se ve que se lanzó contra las líneas alemanas en un ataque suicida.

-Puff, vaya movida.

-Sí, pero ¿ves por dónde voy?

-Aún no lo tengo del todo claro.

-Vale, volvamos a la paciente. La mujer necesitaba calmarse y dejar de despertarse asustada así que le pregunté que qué era lo que más miedo le daba. Me dijo «Si yo estoy viviendo la vida de ellas cuando duermo, ¿se están colando ellas en la mía cuando estoy despierta? ¿Estoy yo en los sueños de las otras?».

Se quedaron callados mirándose hasta que Fernando desvió la mirada hacia la ventana siguiendo la caída de las hojas del Paseo de San Joan.

-¿Me estás diciendo que tu teoría misteriosa es que algunas personas pueden comunicarse con sus otros yo de realidades paralelas?

-Comunicarse no, experimentar su vida como si fueran ellos.

Fernando se revolvió incómodo en la silla. Se quedó parado y con la mirada fija en las migas del croissant. -Desde un punto de vista científico es una locura -dijo Fernando serio-.

-Lo sé. Pero a priori también me parece una locura toda la teoría de cuerdas que manejáis. Te he traído algo, pero te tengo que pedir que no se lo dejes ver a nadie, ni lo fotocopies. – Guillém sacó tres cuadernos escolares de la mochila que estaba en el suelo y los puso sobre la mesa-. Son diarios, le pedí a la paciente que al despertarse cada mañana escribiera todo lo que había visto, oído o sentido. Me los trajo a la consulta ayer.-empujó suavemente los cuadernos hacia Fernando-. Sólo te pido que los leas y que te hagas una pregunta en un contexto hipotético.

-¿Qué pregunta?

-La conexión cerebral en gemelos ha demostrado en numerosos estudios que puede hacer sentir a un gemelo las cosas que experimenta el otro. Si existen realidades paralelas y toda la teoría de cuerdas es cierta, ¿no es plausible pensar que todos estaríamos conectados a nivel neuronal con nuestros otros yo?

[…]

The Circle, la distopía necesaria

Me gustaría aprovechar este espacio que es en parte mío (y en parte de SiteGround, Google y WordPress) pare recomendar a los que me leáis que veáis una película: The Circle.

Durante 2020 la cultura ha dado bocanadas para evitar ahogarse y sobrevivir en medio de la pandemia. Mientras artistas de todas las disciplinas se reinventaban online se ha cuestionado para qué sirven el arte, la música, el cine o la literatura más allá del mero entretenimiento. Pues bien, la cultura sirve para esto: para reflexionar sobre nuestra propia humanidad, sobre lo que es moral y lo que no, y cuestionar nuestras propias creaciones desde un punto de vista ético (entre otras cosas).

Reflexionar es lo que nos hace avanzar verdaderamente como sociedad. No basta con ser más ricos, tener más comodidades o vivir más años, todo eso resulta irrelevante si detrás no hay un proceso de pensamiento que nos guíe y nos ayude a decidir qué tipo de sociedad queremos ser y qué es verdaderamente importante para las personas que viven estos tiempos.

¿Y qué tiene que ver esto con la película? Mucho, estoy llegando a eso…

Hay tres principios sobre los que estamos construyendo ahora mismo el debate social: la privacidad de los datos, la salud y la preocupación medioambiental. Son imperativos de nuestra sociedad actual, como antes lo fueron la libertad, el honor o el linaje. Es decir que son los valores vigentes, como dirían Ortega y Gasset y Julián Marías.

La película se centra en dos de esos tres principios: la privacidad y la salud; y los lleva al extremo haciendo que nos revolvamos en el sofá y que nos preguntemos hasta dónde seríamos capaces de llegar. Es una película incómoda, una distopía necesaria. Hace guiños a 1984, a La Red e incluso al Show de Truman. Cuenta la historia de forma sencilla, al más puro estilo de Hollywood, pero enredándonos poco a poco, como si se tratase de una araña, en una reflexión personal molesta: «¿podemos llegar a eso?», «¿cuánto más de mi vida estaría dispuesta a compartir y a cambio de qué?»

Las distopías han proliferado durante nuestro tiempo de vida: Black Mirror, Years and Years, Matrix, Gattaca, Mad Max (ya hemos llegado a 2021)… una larga lista si la comparamos con las que fueron publicadas antes de los años 50′: Farenheit 451, 1984, Un mundo feliz… Cabe preguntarse por qué ahora hay más historias distópicas. Puede que sea porque en general se publican más libros y se hacen muchas más películas, o puede que estemos en un periodo de la historia donde los cambios se han acelerado vertiginosamente y la creación de historias distópicas es la respuesta humana a la enormidad de toda esa incertidumbre.

Hay una disciplina llamada Future Studies que utiliza la ciencia ficción para plantear cómo anticipar riesgos sociales, climáticos, políticos… y analizar qué debemos hacer hoy para evitarlos. Entre otras cosas se analizan películas de ciencia ficción, se replantean las organizaciones desde una perspectiva futuriza o se utiliza la imaginación como una herramienta propia de las ciencias sociales. Es decir, se parte de escenarios imaginarios posibles y se toman acciones reales para prevenirlos, evitarlos o estudiarlos.

Os propongo un ejercicio de reflexión:

Ved la película. Disfrutadla, y luego valorad cuánto valen vuestras redes sociales, vuestra vida privada (y la de la gente que os rodea) y en qué consiste el concepto de democracia en el s.XXI.

En 2018 hice un experimento muy interesante a nivel personal, me quité las redes sociales durante 6 meses. La reflexión final es de lejos, el post más leído de este blog. Sin embargo, cuando acabó el experimento volví a ellas, con la salvedad de Facebook que fue eliminado. Aumenté las restricciones de privacidad, eliminé seguidores e incluso fotografías, pero mi cuenta de Instagram sigue ahí y en Twitter sigo siendo usuaria activa ¿Por qué cuento esto? Porque no he sido capaz de cortar por lo sano con las empresas de Jack Dorsey o Mark Zukerberg, a pesar de que reflexiono sobre ello con frecuencia; sobre cuánto quiero que se sepa de mí en internet, cuánto valoro mi privacidad personal o cuál debería ser el papel de los gobiernos a la hora de regular este tipo de empresas.

Por eso creo que The Circle es una distopía necesaria. No estoy segura de si salirse de las redes sociales hoy es algo deseable. El confinamiento ha sido muy duro a todos los niveles, incluido el psicológico, y quizá habría sido aún más terrible sin ese espacio de socialización digital. Sin embargo, sí que necesitamos reflexionar sobre qué riesgos estamos dispuestos a asumir o qué decisiones debemos tomar para lograr ser una sociedad mejor. The Circle nos ayuda a pensar en qué límites queremos imponer a las empresas que están detrás de las redes sociales y qué papel debemos jugar como ciudadanos y como votantes para proteger uno de nuestros valores vigentes: nuestra vida privada.

Bonus: La película también tiene un guiño a una de las películas de ciencia ficción que más me han gustado y que menos se han reconocido en taquilla: Días extraños. Otro peliculón.